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-o w lotería; en tanto hay jugadores generosos que dan participaciones á todo el mundo, hay otros absorbentes, reconcentrados, que no dan ni una peseta á su padre, como ellos dicen, y son la desesperación de los compañeros de tertulia, que en esa contrariedad ven un excelente augurio. Otra clase es la de los caprichosos, de los que dicen: No, en este décimo no le doy á usted nada; lleve usted algo en el otro que juego, si quiere preferencias que obedecen á cálculos prudenciales y á un me da el corazón Los hay que fían poco en la suerte de Madrid, y encargan los décimos á- í capitales de provincia de tercer orden y á muchas cabezas de partido, completamente- confiados en que son dueños del formidable secreto de ganar á la lotería. Otros creen dar en el toque encargando á un amigo que tenga buena mano, acreditada en la plaza, de sacar el décimo, y íá STAMOS próximos al gran como la vanidad 5 Av momento nacional, á la ya se sabe que es la primera conapoteosis del gordo, co dición humana, el amigo elegido mo le llaman familiarmente todos para esta difícil comisión se da los que aspiran á su codiciada hetono diciendo: Le advierto á usrencia de veinte millones. ted que yo no juego nunca, pero Pasados estos dos días mortados veces que he sacado un déciles, las inquietudes y las zozobras mo para un hermano mío, las dos de los jugadores se habrán calmaveces han salido premiados. Nado ante la aparición de S. M. el turalmente, luego resulta que no Premio Grande. Sfo conozco nada hay nada de lo dicho ni de lo pretan castizamente español como la miado. lotería; esperarlo todo de la casualidad, fiar el porvenir á la suerPero los más dignos de compate, dormir tranquilo en la segurisión son los plañideros, los que dad de que en el décimo adquirino han disfrutado de la fortuna do llevamos un cheque á la vista, por un número. ¿Cabe cosa más son propiedades tan genuínamenhorrible ni desesperante? Estos te espafiolas, como las superstilloran hasta el otro sorteo su desciones de creer que saldrá premiado porque acaba en ventura. Por un númerol Como si no representara trece, ó porque sumado termina en impar, porque se una distancia enormel ¡Por un número se libra un compró á un jorobado, ó porque nadie le quería y era mozo de ser soldado, y no hay mayor felicidad para un décimo devuelto de una administración de pro- una madrel vincias; porque si el décimo es de la privilegiada clase T para terminar. Predicaba en un pueblo cierto sade devueltos, entonces, ¡ohl el premio es infalible; y cerdote contra el vicio de la lotería, que calificaba de si al comprarlo no se mira el número, ya no hay duda, pecado grave, y animado con el efecto que causaba el lo que se compra no es un décimo, sino un talón con- sermón entre los fieles, decía; Porque esas personas tra el Banco de Espafia. No encuentro nada compara- que sólo piensan en el número 6.3 74 ó en el 13.412, ble al aficionado á la lotería, como no sea el aficiona- que no viven con la avaricia de si saldrán premiados do á los toros; nada les desengaña ni les convence; el ó no, caminan desde luego á su perdición en esta vida uno como el otro, se pasan la vida renegando de la y en la otra. Terminó el sermón, bajó el predicador ñestá taurina y de la lista grande, pero á la corrida del pulpito muy satisfecho de haber extirpado de siguiente y á la primera extracción, el uno compra aquel pueblo tan funesta afición, y no bien llegó á la una barrera y el otro un décimo, y aquella vez la cosa sacristía, dos viejas penitentes de las más ejemplares va de veras, porque el ganado tiene una preciosa lá- se le acercaron para decirle: Diga usted, padre, ¿son mina, ó porque el número es completamente pelao, los números 5.874 y 13.412 los que ha cantado usted otro azar que también tiene muchos admiradores. en el sermón? Porque nos da el corazón que van á Nada influyen los años, ni la pérdida de las ilusio- salir premiados. nes, en la lotería: lo mismo confía el mozo de veinte Conque truene usted contra la lotería. años, que el anciano que está ya en el índice de la vida. Nada tan portentoso, tan encantador como la LUIS G A B A L D Ó N IV