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la cantidad de vida que el impetuoso dibuiante ha acertado á comunicarlos, pues claro está que en los labios de la divina Gioconda sonríe el alma de Leonardo y no la de ella. Hay en esto mucho de convencionalismo, y si no de convencionalismo, de idealización estética; el dato real, la cara ó la apostura y presencia de la persona, Casas lo engrandece y lo ennoblece en a l g u n a s ocasiones. del maestro Vives; por fin, en la fría apariencia del Déw eic mactóíiadel catalanismoysegiincaentan, D. Lluis Domenech y Montaner, arquitecto que, con las manos en los bolsillos y la sonrisita satisfecha, se pasea por ¡as calles de Barcelona pensando la Constitución catalana, como pensaría el trazado de una calle nueva ó la planta de un edificio Pero pasemos al segundo salón. CABEZA D E E S T U D I O á un hombre de positiva importancia intelectual. Véa e esto en la admirable cabeza de Sorolla, retrato que el original mismo con- templará con asombro; en la simpática figura del gran poeta Verdaguer, cabeza do iluminado y de hijo de San Francisco; en la acabadíiíima efigie del ilustre oscultor Blay; en el contorno helénico de Santiago Eusiñol; en el semblante analizador, anatom- isfa del gran líarcisOrOller; en la maravillosa estampa del anciano periodista, ya difunto, D. Juan Mafié y Flaqner; en el agresivo aspePtó- D ALBERTO RUSINOL D LUIS DOMENECH Así, por ejemplo, la dura y angulosa tacha del Dr. Bobert, su cabeza tosca de azteca testarudo, vistas en el dibujo de Casas adquieren una importancia, una austeridad asombrosas. Así el fabricante y diputado catalanista seíior Rusifiol, que repantigado en su butaca de burgués millonario contenapla á la humanidad con aparente indiferencia, al ser retratado por Casas cobra la impertinente altivez de un Médicis elegante y. victorioso. Así, por fin, la descarnada cabeza nerviosa de un 8 r. Eicard, regionalista francés ¿será eso una profesión? parece la personificación de t o d a s las tristezas seculareis de una raza oprimida é impotente, como la polaca. ó la húngara; el Sr. Eicard, queacaso sea tan millonario. como el Sr. Eusiñol, tiene en el dibujo de Casas una fisonomía digna de Kosciusko. Obsérvese en cambio cuan justo, cuan exacto el dibujo, cuando el autor se ha encontrado frente donde están los cuadros al óleo: curioseemos un apunte de Granada, obra de las primeras que Gasas pintó, y recorramos con el pensamiento el progreso realizado por este singular artista hasta llegar ala absoluta perfección del Retrato de. señora; su última obra, que formaría deliciosa pareja, or ohseuro, con- aquel otro retrato, por blancos, qxie el autor presentó hace dos Exposiciones. Acariciemos con la mirada las figuras femeninas de todos: ios demás cuadros, y, para llevarnos al salir la sensación. más suave, la más grata y de. más refinado sabor, fijémonos en el cuadírito Orasse matinée, 6 en el- dibujo La parisiénne, y demos graeiaR al. gran, pintor que! nos; Jia procurado tari agrad- ables goces. También hemos dé, dárselas á la art; fsti 5 a revista Peí pierna, que nos ha; permití do repróiducir los dibujos- de su- propiedad. EL DOCTOR ROBEBT ENE