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EL LIMONAR barrio del Perchel ó de la Trinidad para juzgarse los seres más felices del mundo. Oon ellos no rezan los íríos invernales, ei áspero contacto de la helada, la cellisca de la nieve, ni las angustias del hambre, ni los agobios de la tristeza. Dejan el termómetro en cualquier rincón obscuro de la casa, convencidos de que, esté donde esté, su columna mercurial ha de seguir marcando dieciocho grados; cogen la guitarra, y ¡vengan penas! Es decir, las penas no van, porque se las llevó todas el que inventó aquel tan conocido cantar: v w Adiós Málaga la bella, -tierra donde yo nací, para todos fuiste madre- -y madrastra para mí. Y como es imposible que una ciudad tan hermosa, tan templada y tan culta sea madrastra para nadie, habrá que suponer que á ese malagueño quejumbroso y expatriado se le indigestaron algún día los boquerones. Pero por muy mal recuerdo que conserve de tal tropiezo gástrico, cómo se deleitaría su ánimo y se colmaría su orgullo filial si tornase á Málaga y recorriese el ¡verjel poblado de lindísimos hoteles que comprende la Caleta, el Limonar y Pedregalejol toda la vertiente de Gribrálfaro, Sitios deliciosos hay eri este mundo por la exuberancia de su vegetación, por la prodigalidad de su flora, por lo encantador de las edificaciones, por lo risueño de sus panoramas, pero dudo mucho que aun en los países clásicos por su belleza pueda eacentrarse algo que supere á ese trozo de terreno, á ese encantado jardín que á la misma orilla del mar se extiende desde Málaga, hasta el pueblecillo del Palo. ¡Y véase si es fortuna la de invernar en Málaga! Nada más desagradable en todo el resto del mundo que ir al Palo; nada más delicioso saliendo de la ciudad andaluza. El camino del Palo, ¡ay Dios! convertido en un maravilloso jardín; ¡qué deliciosa no será la vida en un país donde hasta á la niás temible de las muertes se va por sendas de violetas, rosales, limoneros y naranjos! K íí Y á pesar de las excelencias de su clima, de sus magí níficos paseos y de sus risueños alrededores, Málaga es una población esencialmente trabajadora. Disfruta de los beneficios de la Naturaleza, pero sin malgastar las horas en la holganza; sus numerosas fábricas diseminadas en las afueras de la población, hasta las proximidades de las sierras vecinas, acreditan con el espeso humo desús chimeneas que si Dios ha concedido á los malagueños toda clase de privilegios, ellos saben agradecérselo trabajan do, sin perjuicio de que la grandiosa mole de) a Catedral, destacándose sobre todos los edificios de la urbe, cliente también que, además de trabajar, los malagueños elevan á la divinidad su gratitud con la oración salida de los labios. La Catedral es uno de los más hermosos nionumentos de Málaga. No fué esta ciudad como Granada, como Sevilla, como Córdoba durante la dominación mora, asiento de poderosos califas ó de reyezuelos artistas, y apenas si en sus calles viejas queda algún resto d la invasión agarena. El turista que en Málaga se empeñe en descubrir el sello característico de las demás ciudades andaluzas, correrá grave riesgo de tornar á sus lares sin el gusto de hallarlo, y diera seguramente por perdida la fiebre artística de la jornada á no penetrar en la Catedral, que si no tiene la altivez y Ja elegancia de las catedrales góticas, reúne hartos alicientes para que el sabio la estudie y el artista la sienta. Muéstranse los malagueños satisfechísimos dé su calle de Daríos, hermosa vía en la cual se reconcentra el lujo y la animación de toda la capital, palle ancha; con aceras tiradas á cordel, grandes miradores en Jas casas y magníficos comercios, es, sin duda, una vía europea como las sueña Costa para el país regene- rado íy con gusto habrá de recorrerla eljefe del partido conservador cuando veranea en Málaga, sobre todo considerando que cuantos comercios Ja ocupan poseen k i m