Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
í í í J I O B B B forma poética, y cuántos desengaños te están reservados en esta- vida! Como si ya no te iiiciera b a s t a n t e daño la nube de poetas que incesantemente te martillean, ahora se ha puesto n u e v a m e n t e sobre el tapete una i n t e r e s a n t e cuestión que dará al traste con toda tu brillante corte de endecasílabos, e n t e r r a n d o para siempre t u s más espléndidas estrofas. Se trata de escribir en prosa los libros de las óperas, desahuciando en absoluto los buenos oficios del verso. E s decir, se p r e t e n d e arrojarte de la escena para siempre; ¿comprendes, poesía? divorciarte de la música después de t a n t o s años de estrecho matrimonio. Zola, que siempre h a predicado las excelencias de la prosa sobre l i rima, ya dio el ejemplo e s t r e n a n d o hace algunos años una ópera en prosa, con música de B r u a e a u y e n t r e nosotros, hace dos años, el maestro G r a n a d o s en su María del Carmen desdeñó también la poesía, dando por completo la razón á la prosa. Yo n o sé si la acción del t i e m p o podrá ó n o aclimatar esta n u e v a tentativa que se hace en favor de la prosa lírica; pero lo que es en mucho tiempo no podrá el oído acostumbrarse fácilmente al cambio de ritmo. P o r q u e n o sólo el verso facilita mucho la retención en el espectador, sino que es m u c h o m á s fácil acordarse por el ritmo de u n a romaneita en verso que de un aria en prosa. Figúrense ustedes qué efecto causará en u n a zarzuelita oir al tenor, v. gr. Aquí la espero. Son las cinco menos eaarto; no debe de tardar. ¡Como vive tan lejos! ¡Justo, las cincol Y el mío es un reloj muy seguro. E s mucho m á s bonito lo tradicional: Yo á mi bien espero aquí, y la aguardo con ahinco. En la torre dan las cinco. (suenan cinco campanadas) ¡Qué emoción aquí sentí! (llevándose la mano al coraaón) Esto es mucho m á s fácil de conservar en la memoria. Como todo el mundo se acuerda de que cantan en La Tempestad: Por qué, por qué temblar, si el cielo está sin nubes y azul está la mar, a h o r a el cantante t e n d r á que decir: Pero ¿por qué tengo necesidad de temblar, si estoy viendo el cielo que no tiene una nube y el mar está azul? ¡Cuidado que soy aprensivo! Pues figúrense ustedes á la gente que cultiva con tanto amare lo fiamenco viéndose en el caso de decir: Malapuñalá te den, arrastrao, una buena y otra mala: la mala, permita Dios no tenga cura, y la otra así se te encone, y yo que lo vea. O aquello de Alcampo me fui á llorar, pero chipén, á llorar por íu querer; pero empezó á caer un chaparrón tremendo, y me tuve qué volver más que á escape. ¿Eh? ¿qué tal? L a verdad que esta m o d a por lo menos al principio, no va á encajar. El oído está ya educado para la rima, y es muy difícil poderlo s u s t r a e r á la fuerza de la costumbre. Claro es que h a y músicos que se atreven á todo, incluso á i n s t r u m e n t a r el censo electoral; pero esto no empece. Dejemos la prosa para otras nobles empresas, y sigamos ajustando á la música el ritmo de los versos. ¡Ya que desde hace tanto tiempo s e v i e n e diciendo que la for. ma poética e s t á llamada á desaparecer, dejémosla este refugio, siquiera sea en pago de los buenos servicios que ha prestado! E n cambio, los que recomiendan la p r o s a para todo, como si fuera una criada de t r e i n t a reales, t r a t a n de que R o s t a n d haga en verso su discurso d e entrada en la Academia. Y esto sí que n o m e parece bien. Más que por Bostand, por los imitadores que tendríamos aquí. Pronto oiríamos á u n señor recipiendario ó recipiente, como les llamaba u n amigo mío, arrancarse de este modo: Ilustres académicos que aquí tenéis asiento, etc. Pero es m u y difícil que la poesía entre en la Academia, porque la poesía está en la juventud. LTJIS GABALDON