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a- K KTKiio E: xamjLKjrE: no L LAEGO PLUMEA! A carta de reconocimiento dirigida por el emperador de China al de Alemania con motivo de la última guerra, es un monumento artístico. Está escrita en una cinta de seda amarilla de cincuenta centímetros de ancha por cuatro metros de larga, y recamada de dragones, flores y arabescos bor dados con hilo de oro; parece un mosaico. debía establecer nuestro Municipio era una multa para las faltas de ortograña mercantiles. A ver si desaparecían el Se gisa de comer; el Ay cayos, las Carnecerias y las Buñuel rías y los Omos de voyos, y otras lindezas por el estilo. GOMO MUEREN LOS SULTANES K treinta y ocho sultanes que han regido el imperio otomano desde la conquista de Constantinopla, treinta y cuatro han muerto á mano airada. Pobre emperador de Alemania si la ha leídol Porque con sólo pasear los ojos por ella, al final de los cuatro metros, vista cansada. SEGÚN LO QUE SE DIGA ASTA ahora, el máximum de distancia que podía alcanzar la voz humana, era de veinticinco kilómetros. Hoy eso es como si no le oyese á uno el cuello de la camisa. Un individuo, gritando la palabra bobo en la cuenca del río Colorado, se ha dejado oír á la friolera de cincuenta. Yo lo creo, porque se trata de la palabra bobo que aun no diciéndola nadie, nos está zumbando en los oídos á todos los españoles. D H Lo cual indica que los cuatro únicos que no han muerto violentamente andaban tan mal de salud, que los conspiradores no se tomaron ni la molestia de asesinarles. Dejaron á la enfermedad que siguiera sus pasos. HAY QUE REPARAR EN PELOS os camareros de un café de Berlín han pedido indemnización al amo por obligarles á afeitarse el bigote. El dueño, para evitarse líos con la curia, dio veinticincomarcosácadaunoporlos pelos sacrificados. L Pero que venga aquí ese gachó y me diga al oído que le dé dos duros ¿A que no le oigo? MUESTRAS SIN VALOR N París se va á celebrar un concurso de muestras de comercio. Se premiará no sólo la parte artística, sino también la literaria. Es decir, que habrá premios para los títulos de los establecimientos. Si el Ayuntamiento madrileño hiciera otro tanto, ¡qué de títulos inventaría nuestra imaginación meridional! Látela de Penélope, almacén de tejidos; i a luz de la razón, fábrica de bujías; El contrafuerte nacional, zapatería; La parea fiera, funeraria; La liendre de oro, salón de peinado; El venenó délos Borgias, ta. berna; et sic de coeteris Yo no digo que vayamos tan lejos; pero lo que sí E Ya lo saben los toreros, los cocheros y los cómicos. Los bigotes valen dinero. Con que á cobrarlos. EL SASTRE DEL CAMPILLO