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K X v C O U F L K T D E JS LOID j i viviésemos en los tiempos paganos, á estas horas habríamos elevado á la pulga á la categoría de diosa, y todas las cupletistas que cultivan esta canción hoy tan en moda, nuevas vestales, cuidarían (le mantener el fuego sagrado del insecto que hoy es casi una institución en todos los salones concert y sincert. Vivimos hoy para el couplet de la pulga como hace dos afíos para aquel famoso tango de 7 a bicicleta que amargó nuestros días despiadadamente. ¡Si entonces teníamos una bicicleta, hoy tenemos una pulga que nos quita el sueño! Paso á la pulga con todas sus consecuencias! La pulga, ¡voilá el enemigo! tiene el privilegio de atraer al gran públieo, incluso niños y militares, y sólo ante su anuncio la gente acude, solazándose de antemano coa las deliciosas picaduras del insecto. Y lo que son las cosas! La pulga, que antes era molesta é irritante, tenaz, se ha convertido en amena y recreativa. La pulga, de origen italiano, ha sido traducida á todos los idiomas, honor que no han conseguido muchas obras maestras, por muy alto que piquen. Y se comprende la bondad de tan excelente artículo de exportación: la pulga, aunque no esté al alcance de todas las fortunas, por lo menos está al alcance de todas las manos. La pulga ha producido en muchos hogares graves disturbios, catástrofes conyugales, porque muchos maridos que antes no salían de noche y se dedicaban á labores caseras, han perdido completamente la posse conyugal, y se han lanzado vertiginosamente por esos saloncitos. No extrañe usted, me decía una sefiora, ver la casa como está, todo en desorden y sin haber esterado, pues mi dichoso marido, que antes no salía de casa y yo misma le tenía que echar muchas veces porque se me metía en la cocina y lo revolvía todo, ahora está desatado, no se cuida de la casa como antes, y hasta algunas noches no viene á cenar. Por supuesto que yo sé dónde pillarle, y una noche me pongo la mantilla, y como le encuentre, quien le va á coger la pulga soy yo. Y es que el dichoso insecto no reconoce edades ni jerarquías; lo mismo se le antoja al jovencito á quien no dejan salir de casa más que hasta las doce, que á un individuo de lo Contencioso, lo más serio que conozco dentro del orden civil. La otra noche sorprendí á un magistrado en un saloncito pidiendo la pulga con la misma entereza que una pena de muerte; y es que la pulga tiende á la nivelación social: es esencialmente democrática y muy reconstituyente. El que no estando en el secreto entre en un salón y vea á aquel público rugiente, bramando de coraje, congestionado, porque ya la cupletista de tanda no puede buenamente repetir el couplet, creerá que asisto a u n o de esos estrenos donde por tres reales tiene derecho el público á pedir la cabeza de los autores y el embargo de todos sus bienes. Y no sólo se acomoda la pulga á vivir en los escenarios de los teatros- eoncért, sino que ya se la solicita en otros espectáculos. Sin ir más lejos, en una representación del Tenorio noches pasadas en un teatro de segundo orden, le pidieron la pulga á Doña Inés en el crítico momento de desmayarse en los brazos de Don Juan. Y tal como se van poniendo las cosas, el mejor día se organiza una manifestación pública para pedir la pulga delante de la Presidencia del Consejo de Ministros. ¡El mismo Urzáiz no está muy seguro de que no se la pidan cuando acabe de leer los presupuestos en las Cortes! LUIS G A B A L D Ó N