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Estaba resuelto, á pesar de los azares y riesgos á que mi vida aventurera me exponía á diario en las acciones de guerra, á que la hija del tío Isidro fuese mi mujer ó mi viuda, pero no la joven abandonada y huérfana. Desde Sangüesa la envié á llamar, negras aún mis manos con la pólvora de la acción en que derrotamos al flamante general Ahbe (1) Bogué á Papilla, mediante un emisario, que viniese á un pueblo del Roncal, á donde con frecuencia solíamos llegar; ¡pero buenos estaban nuestros descansos y acuartelamientos! Anochecíamos en Aragón y amanecíamos en el corazón de Guipúzcoa ó en medio de Navarra (2) Dígalo, si no, entre cien ocasiones, aquella en que por segunda vez dimos al enemigo lección tan dura para él como provechosa para nosotros en los campos de Arlaban. No es extraño, pues, que avisando yo á Pepilla en Enero del año 12, á pesar de no haber sido lerda en emprender la marcha, tardáramos tres meses en hallarnos. Hasta ese momento de encontrarnos, en que parece que todo debiera ceder á nuestra dicha, fué amargado por terrible angustia. Mal año para Tris el Malcarado que con su traición maldita tuvo la culpa de que el francés nos sorprendiera en Robres. Llegamos á este pueblo, y en él, en medio de la calle, me vi entre los brazos de Pepilla, á, quien recibí en los míos, adornados con los galones de sargento primero, ganados en Arlaban hacía poco; pero un soplo del madito Malcarado proporcionó á Pannetier la ocasión de sorprendernos aquella noche, viéndonos cercados en nuestros propios alojamientos. La misma Pepilla apretó la cincha á mi caballo mientras yo guardaba la puerta; monté luego sobre el bruto en el zaguán, hícela saltar á la grupa, me abrieron el portón, ftM 1 Á í- V. 1 -ir i t f f y -í clavé en los ijares las espuelas, y como si el noble animal comprendiese la carga preciosa para su amo que llevaba encima, salió como un rayo, rompiendo el grupo de enemigos que tenía enfrente, en el que alguna mella debió hacer mi chafarote. Así salimos de aquella ratonera, y del mismo modo tuvo que escapar el propio Mina (3) Pero no fué mala la que vino detrás; que si D. Francisco sufría un descalabro, se lo cobraba luego con interés y todo al enemigo, no perdonando á los cómplices la parte que les cupiese; y así sucedió entonces, en que el Malcarado, el alcalde y el párroco de Sariñena y tres alcaldes más, pagaron con el pellejo su bien probada traición á Espafia y á su caudillo Mina, Cuando en el pueblo de Alcubierre la bendición nupcial cayó sobre mi cabeza y sobre aquella hermosa frente que en la noche horrible del 2 de Mayo, nublada con la perspectiva del suplicio de muerte del tío Isidro, se reclinaba en mi pecho, el humo de la pólvora nos sirvió de incienso, los despojos del enemigo de festín, y de lecho el suelo de la patria enrojecido con la sangre de sus hijos, jAsí vivíamos y así luchamos antaño para legaros á vosotros una herencia que no apreciáis en lo que vale, y que, hijos pródigos, no permita Dios tiréis por la ventanal ¡Pobre tío Martínl Ya desapareció contigo aquella generación. ¡Plegué al cielo que no haya también desaparecido aquella raza! ¡Tanto va de antaño á hogaño! JuAíT JOSÉ LOZAT O (1) 11. de Enero de 1812. (2) V. Lafuente. Historia genet- al de España, lib. x, cap. xviii. (3) Lafuente. llisítoria. general de EspoJia, hb, x, cap. xviii.