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DOS MUERTOS ILUSTRES APEiCHO de la muerte ha sido llevarse en pocos días á dos ilustres hijos de España: UDO que supo como nadie pintar la Historia; otro que como nadie supo escribirla y juzgarla: Antonio Gisbert y D. Francisco Pi y Margall, pintor el uno, y apóstol el otro de la libertad. Eran dos almas muy parecidas; dos corazones incapaces de sentir lo ruin; dos cerebros inútiles para lo mezquino; hombres nobles y sencillos, en quienes el esceso de nobleza y de sencillez podría parecer arte ó fingimiento á los cómicos de la legua que representan la comedia humana. Si vale emplear un símil pictórico, diremos que tanto Gisbert como Pi y Margall, lo sacrificaron todo á la pureza de la línea, á la grandiosidad del concepto. Gisbert, contemporáneo de Fortuny y precursor de los grandes coloristas de la pintura joven, no fué colorista nunca; no fué de estos ciegos é inconscientes adoradores de la luz; no fué sacerdote del trozo pintado. Pi y Margall, contemporáneo de Castelar y precursor de todos los grandes oradores revolucionarios, y acaso dotado de fantasía más brillante que todos ellos, se guardó casi siempre para mejor ocasión la escenografía oratoria y la retórica de colorines; jamás embadurnó con tintes de vidriera gótica, m envolvió en D, ANTONIO GI BERT multicolores telas de la China, ni en sederías cuajadas de arabescos, el duro músculo ó el nervio vibrante de su pensamiento robustísimo. Hemos dicho que Gisbert fué el pintor de la libertad, y hay que probarlo. Para ello recordemos el cuadro más popular de cuantos pintó: el famoso cuadro de La ejecución de los Comuneros de Castilla, grandiosa composición, inexacta en cuanto á los trajes, teatral en demasía, violenta en cuanto á la composición, pero, en cambio, ¡de qué indomable vigor y de qué claro y pujante sentimiento! De la áspera fiereza castellana retratada en Los Comuneros, que Gisbert pintó en 1860, á la confiada austeridad de Los puritanos, que presentó en 1864, hay un abismo, pero en el fondo el sentimiento que inspira á ambas obras es idéntico. Los cabezas redondas ingleses parten para el Kuevo Mundo, como los nobles cas- A- 4 V- T- í 1- J 5 f FUSILAMIENTO DEL GENERAL TORHUOS Y SUS COMPAÑEROS. CUADRO DE GISBERT FOT. LACOSTE tellanos para el viaje eterno, llenos de fe y de orgullo, anteponiendo á todo otro amor el de la libertad y el de la independencia. Y he aquí que veinticinco años después de haber compuesto aquellos dos cuadros, Gisbert, ya viejo, conserva la lozanía de su alma y de su pincel, hasta el punto de concebir y ejecutar esa obra maestra suya que se llama el Fusilamiento de Torrijos. Ese cuadro, Pi y Margall si hubiera sido pintor le hubiera pintado lo mismo que Gisbert, traspuestas ya las cumbres de la vida, pero no apagada la llama de la fe; lo hubiera pintado con colores sobrios, pero con trazo firmísimo, con expresión segura y justa, sin alardes ni exageraciones sentimentales, como pintó en páginas dignas de Tácito el Reinado de Don Amadeo de Sahoya y muchos capítulos de la Historia de América y de los Estudios sobre la Edad Media.