Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
aa 1 í -si- sante Domingo la Nueva (1) hasta ver por dónde llevan un prisionero y cuando sin hacerse notar, vayan siguiéndole las dos ya llegará el momento en que comprendan lo que deben hacer. Además un fraile andará por los mismos lugares separadamente, y en trance apurado podrá ser que tenga que confesar á una enferma, y si así no fuera, en viendo al nrisionero caminará delante á paso lento, como cumple á la modestia de un religioso, hasta que alguien le llame. lAhl bueno será que l.ol a y PepiUa lleven dos buenos moqueros, como mujeres aseadas; pero ni unas tijeras, ni una aguja, que Murat entiendo que gusta poco de labores. ¿Enterados? ja, que iriurat- -Y corrientes; pero lo del fraile es lo que veo algo turbio, -repondió Manuel. -Pues es muy claro- repliqué; como yo para confesor soy algo mozo, el fraile es su merced, y el hábito Pepilla lo tiene- -Lo tocante á nosotros bien está; pero tú, ¿qué vas á hacer? ¿qué papel te reservas? Me da miedo, Martín- d ü o con ansiedad la nija de tío Isidro. J que pueda- ccrntesté; -no me preguntes. No hay tiempo que perdej; da el hábito á Manuel Vistióse éste desde las sandalias á la capucha, y cuando Lola su mujer le contempló así pergeñado, á pesar de lo serio del trance, le íaltó poco para reventar de risa. r o r 7 Í ot r x K á s u puesto; yo saldré primero, dentro de un cuarto dé hora el fraile, y poco después las mujeres. Dios nos la dé buena. Hasta luego, ó hasta el valle de Josafat J i- uospuc i a Y sin volver los ojos hacia Pepilla, que no apartaba de mí los suyos, abrí la puerta, y cierto de que nadie había en la calle que me viese sahr, tome la dirección opuesta al Parque para llegar á él dán o un rodeo. (1) Hoy de Quiñones, A cien pasos de la entrada diéronme el alto, y 1 í j- K i- v í j- r detenido inmediatamente, me condujeron ante el jefe, á quien dije tenia que hablar con urgencia y V- i precisión. Aunque rápidamente, había yo estudiado bien mi plan; y manifestando complacerme la presencia del francés, díjele con el Mayor desenfado que iba á cumplir un encargo del oficial de la guardia del ív- h Portillo del Conde- Duque, del cual le mostró mi t salvoconducto, con lo que no le quedó duda alguna de mi afirmación, interrogándome seguidamente acerca de mi misión. -E l caso es- -le contesté- -que no sé si he retenido bien en la memoria el nombre que me ha dado, aunque creo recordarlo. Se trata de un tal Isidro ó Isidoro Pelaire. ¿Y bien? -No sé gran cosa de lo que se trata; pero, por lo que he podido entender, parece que ese es un pajarraco que tiene allí alguna cuenta pendiente y no quieren que se la lleve en el buche. ¿Y bien? -volvió á interrogar él jefe. -Que el capitán Maurice- -proseguí largando aquel nombre que era el d la firma de mi salvoconducto- -me ha encargado informarme de si ese mozo está entre las lindas maulas aquí enjauladas, según afirma otra buena pieza que anda por allá, ó en caso contrario, que vea si lo tienen en el Retiro. ¿Y bien? -repitió por tercera vez aquel zán, gano, que me iba amostazando con su estribillo. -Que donde quiera que le encuentre, si tengo- esa fortuna, le diga á quien lo tenga en su poder que el capitán Maurice, comandante de la guardia del Portillo del Conde- Duque, necesita con urgencia se le envíe bien amarrado ó custodiado al tal Isidro ó Isidoro Pelaire, para ver si careándole con otro de su calaSa puede sacar el o villo de no sé qué endiablado plan de que dice poseer ya el hilo. -lOhl la, la; pego l M tiii- liaba decir- -interrumpí, para atajar aquel pero que 1 Me ha encargado también el capitáii Maurice, que en ese bicharraco, vaya corriendo á avisárselo; si fuese iiM I... ii i- i iia: K; i. iJv; y por escrito, pues urge el caso. -La, la; ¿y por qué Maurice te envía á ti? -No sé decirle á su merced; sus razones tendrá, y él podrá dárselas á su señoría. Yo en mi casa estaba, cuando un soldado de la guardia vino á llamarme de orden del capitán Maurice. Y á propósito, tengo el gusto de ofrecer á su señoría mi casa, que es un ventorro que está muy próximo al Portillo, en donde, aunque me está mal decirlo. A A 3 truchas del Tajo y el mejor jamón que viene de Asturias, y se bebe el más rico paramo de OaniUas y el Valdepeñas más rancio que sale de las bodegas. No basta que yo lo digapregunte su merced al mayor Aimerrien quién es Paco el hostelero y cómo se sirve en su casa á los amigos, y él le dirá á su señoría lo que es canela fina. -iAhl ¿Conoces tú á Aimerrien? -Ya lo creo, y no de hogaño; le conozco desde que vino de agregado á la embajada de S. M Imperial, que Dios guarde; y cuando, poco há, se casó con la señorita de Polancos, hizo que en su boda se sirviesen truchas y Valdepeñas de mi casa. Bien puede él decir á su merced lo aue hice vo entonces por corresponder á su aprecio. Me fui á Peralejos y me traje una trucha de treinta libras OhI ohI trucholl do 7o n 7? s sTlÍ tr wÍ. a f l f. 80 admiraron tanto, que el señor conde de Campoalange me ofreció- AhI tnon ami; era, era. ¿Qué dice su señoría? -Oui, el Mayor es hoy muerto. P, ¡7i n t T TM h r campechano, tan pero ahí los picaros promovedores del incidente de hoy, esas n? Íl f T T -Vi y y perdonado y á mí me perdone amén- dije poniendo una cara tan compungida, que el francés temió de seguro que yo rompiese á llorar nnTln f i o! gran pesar, ycontinué: como presa de una gran pena, -luego, pasándome la mano por la frente, como y quien desecha un Bilencioso pensativo ii x u al üpÜán Matóce? t urgencia de mi encargo. ¿Qué digo- -lEhl iCharpentier! -gritó el jefe acercándose á la puerta de la estancia. CÍÍS -FISZI: Z l S t Z l f s T comunicación dirigida á las provin- m