Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
r: r- ¿í JS- FAENAS ANDALUZAS Xv- ñ. 3 Jk 3i a: xjKrA 3 I OMO ya se acabó la vida ardiente y barata del verano, en los corralitos que del campo viven se ürena 1 ran los trebejos de las faenas otoñales. El verano es siempre piadoso para el pobre- durante ese tiempo generoso, m hicieron falta zapatos para los chiquillos, ni naguas casi para la ¿u i e r Y si es el costo con tomates y ja jos y la bendición de fruta que Dios crió, estaba todo listo. Pero al aparecer las Drimeras lluvias, la existencia entera en el corraiito cambia de aspecto. La atezada chiquillería no puede ya corretear por campillos y resolanas con el traje paradisiaco del estíola mujer empieza á tintar, amontonando en el hogarejo su pobre rescoldo de cisco, encendido á soplos Es, pues, necesario, volver á la pelea, lanzarse otra vez al campo, á la conquista de la vida. Los corrillos del patio y del arriate han desaparecido ya; cada familia de labriegos se recluye á su salita, entorna el portonci 11o se acurruca en derredor de la sarteneja colmada de ceniza, por entre la cual asomaii las alegres ascuillas del rescoldo, y cuenta con filosófica lentitud sus buenas historias, al compás del aguacero que llena el espacio con un soberbio tono invernal. o v. co i,i u Aquello es el invierno que llega, porque la ofotóno es larga. Pocas faenas trae de provecho Ya se fueron la. e palmeras en pintoresca fila, con los capachitos bajo el brazo, y cantando á lo largo de los interminables caminos. iPobres las palmeras, jas del faenar más duro, recogidas entre las más pobres para aquel bárbaro trabajo ¡Se fueron allá á las planicies escuetas y enormes, sin árbol ni casilla que las proteia: á segar rudamente la seca y burda hojarasca de la palma espinosa, luchando con el sol y con los aguaceros, con esas bruscas locuras del otoño! Pero no haya cuidado por ellas; volverán de allí con las manos encallecidas por los pinchazos de los Jícos, encaramadas sobre las carretas, sentadas en el promontorio dejases chorreantes v saluder ha pañolón mojado entre los dientes y agitando la otra punta con la mano De suerte que como las mujeres se han ido ya á su faena, los hombres no tardan en sentirse averc onzados e inquietos. a A punto del alba, la inmensa cuadrilla de trabajadores se reúne en el Campo del Hospital, con el chaquetón adelante y con los brazos cruzados bajo el chaquetón. Van allí todos los vocativos del terruño todos los apasionados adscritos desde la niñez, los honrados del barrio, los hombres buenos que no apalean á la hembra y que aún se permiten, cuando vuelven del campo rendidos de fatiga y aún con los zajones puestos, aprender palotes y garrapatos de esentura que les enseñan sus hijos que van á la escuela. A esa hora, casi al amanecer, cada manijero acreditado es un núcleo de trabajadores que le asaltan- ¿Qué jacemos aquí? ¿Cuándo mos vamos? ¿U es que cosecha el marqués pa los estorninos? El capataz, ó manijero, que de las dos maneras le llaman, es allí el patriarca, la autoridad única el que da la voz de ¡vámonosl cuando está la cosa en su punto. Se han preparado los varales, los costos, las mantejas, las tarjas; en carretas fueron ya los cenachos moli-