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til K p PASACALLE DE LA EN PLANTAS Y FLORES SU gallardía y su buen palmito, especialmente las señoritas Labal y López, cuya belleza y distinción realzan sus caprichosos trajes; los actores sueltan chistes á granel y de todos los tonos, distinguiéndose por la perfección del trabajo los Sres. León y Sánchez Castilla; las coristas contribuyen á la visualidad del conjunto; y para que nada falte, hay una apoteosis á todo foro con gasas, lentejuelas, talcos y luces. Por todas estas circunstancias, la obra resulta muy del agrado del público, y durará mucho tiempo en el escenario de Eslava. ON EZ haUo, estrenado en la Zarzuela, se ha dado á conocer un nuevo autor, el Sr. Domínguez, que ha escrito en colaboración con Paso el libreto de la citada obra. Una joven, á la cual ama uno de esos infelices del gremio de sedería que tantas veces han pisado la escena con el carácter de víctimas propiciatorias, quiere vengarse á todo trance de los desdenes de un galán que ama á una vecina, y para ello, aprovechando la circunstancia de que va á verificarse el bautizo de un nene de ésta que ha nacido con alguna anticipación, se pro pone sembrar la duda en el ánimo del padre de la criatura. Ya que sus frases reticentes no logran dar al traste con la felicidad de la vecina, válese de un sujeto que, deseoso también de vengar alguna ofensa no especificada en la obra, se compromete á turbar el solemne acto, promesa que, en efecto, cumple en el segundo cuadro, que ocurre ímm n ¿ír. en la sacristía de la iglesia donde el niño ha de ser bautizado. Pero después de los temores á que da motivo la violenta intrusión del embustero, seguido del desafío consiguiente, todo se soluciona, y un arroz con pollos, precedido del indispensable bailoteo en un merendero de la Bombilla, pone fin al sainete, en cuya ejecución es preciso consignar que hicieron primores las tiples señoritas López y Salvador, que interpretaban respectivamente los papeles de la vengativa y de la futura, y los Sres. Riquelme, que representaba un delicioso tipo de obrero socialista y anticlerical, que ni aun para cumplir sus deberes de padrino consiente en entrar en la iglesia sino á viva fuerza; Valentín González, que en el tipo del padre de la criatura se hizo aplaudir con entusiasmo por el brío con que dijo los versos; Pablo Arana, que caracte rizó muy bien el personaje del intruso, y Antonio González, que en el hortera infeliz que paga el pato, hizo reir de lo lindo á los espectadores. Al éxito que obtuvo la obra contribuyó muchísimo la música de Chueca, que con sus notas de popular alegría cautivó al auditorio, y de uno de cuyos más bonitos números, la gavota, que fué aplaudida con entusiasmo, ofrecemos á nuestros lectores un fragmento. C tt aUci FOT. CIFUENTES