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LA MENTIRA í trÁNTOS adoradores tiene! Es seguramente el partido más numeroso que hay en España el de los mentirosos. Y es que no hay nada tan halagador ni tan sugestivo; tacto que á veces, con plena conciencia de que somos engañados, nos dejamos seducir fácilmente, porque hay mentiras tan agradables, tan coquetonas, tan persuasivas, que son preferibles á la verdad, casi siempre brusca y escueta. Decidle á un viejo que se afana y se esfuerza por ser joven en colaboración con los tintes y afeites queia química le brinda: cjEstá usted hecho un pollo! ¡Nada, cada día más joven! ¡Si parece usted hermano de su hijo! y elbombre os sonreirá agradablemente, creyendo la mentira. Decidle á un ministro que gobierna con talento, que es elocuente, aunque sea tartamudo, y tendréis más fácilmente una credencial que el que no sabe poner en juego las artes de la adulación. En la mentira se vive y en mentira hablamos casi siempre. Un amigo le dice á otro con aire de resentimiento: Estoy muy disgustado con Rafael; le presté diez duros y no me los paga; ya ves, si fueran mil pesetas, lo comprendo, pero diez duros es una pequenez; no me los devuelve porque no quiere. Y el mismo sujeto, dice en un encantador viceversa: ¡Ya ves, Enrique me debe mil pesetas, y no me las paga; si fuesen diez duros, no van á ninguna parte; pero mil pesetas, ya valen la pena! Este individuo habla también atentando contra la verdad, porque lo que le duele es que le deban, no diez duros, sino cinco pesetas, como todo el mundo. Ven dos amiguitas á una íntima compañera de colegio, y después de comérsela á besos, vienen los elogios de ¡Estás monísima! ¡Pero con qué gusto te vistes; cualquier cosa que te pones, te cae tan bien... ¡Tienes un cuerpo tan bonito! Bueno, pues se despide la víctima; las dos amigas la miran con el rabillo del ojo, y se marchan calle arriba haciendo piadosos comentarios: ¡Qué desmejorada encuentro á Remedios! ¡Y va hecha una fachita! ¡Parece que la visten sus enemigos! Pero donde la mentira llega á su más culminante apogeo es en las visitas de pésame. A la mayor parte dt, la gente, incluso á los parientes de la persona fallecida, les tiene sin cuidado una pérdida que en muchas ocasiones llega tan á tiempo, que sirve para mejorar de fortuna; pero es necesario dar á la sociedad lo suyo y hay que entrar en la estancia con la cara muy compungida, el aire abatido y el pañuelo pronto para limpiar una indiscreta lágrima. ¡Qué marido ha per dido usted, señora! (si se trata de un caso de viudez) ¡Qué amigo hemos perdido todos! ¡En mi casa le he mos llorado como cosa nuestra! Y si se quiere extre mar la nota, es conveniente añadir: Mi señora me ruega la dispense usted si no viene, pero nó se atreve á verla á usted en este momento. Ya sabe usted que la tenemos un poco delicada. Otra mentira: la señora, sencillamente, es que no estaba de humor de hacer semejante visita. Pero la viuda lo agradece tanto, que nunca podrá olvidar tan gran interés. El diputado á quien costó la elección algunos miles de pesetas, ¿no va al Congreso creyendo firmemente que representa la voluntad de sus electores? La madre de la tiple que rogó y suplicó á los periodistas que tratasen bien á la niña y la pusieran por las nubes, ¿no dice luego con la mayor naturalidad á sus amigos: ¿Han visto ustedes lo que dicen los periódicos de la niña? En todo se halla la mentirá: hasta en los relojes, que le hacen á uno creer que es una hora y después resulta que se han adelantado ó retrasado visiblemente. Pero en esto de la mentira, quien ha batido el record es un amigo mío, que no habiendo sido nada en este mundo, encargó unas tarjetas que di cÍ 2. n: Antonio Fernández, expasajero deprime ra clase del vapor Satrústegui. Esto es todo lo que había sido mi amigo. Pero también mentía. Porque en ol Satrústegui fué en segunda. LUIS G A B A L D Ó N DIBUJOS DE XAUDARd