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Vo I9oI SM. MM 0 15 1771710 de kncof ito MODAS QUE ÍMMM j nví 1 4 ASOMAN 1 menos asoman. Otras han llegado ya. Y unas y otras van á hacerme el favor I hacer esta crónica. Hasta ahora ha dominado la creencia de que la Eazón y la Moda no podían vivir unidas. Hoy ya es otra cosa; nos vamos convenciendo de que se han propuesto ser excelentes amigas, toda vez que la Moda quiere entrar en razón. La Moda es la hija mayor del Lujo, y éste es el intérprete de lo superfino, que llega á parecer necesario siempre que sus tendencias resulten artísticas. El lujo y la moda suelen convertirse en el termómetro más seguro de la civilización y felicidad délos pueblos modernos cuando su suelo es fértil. (No recuerdo dónde he oído ó leído esto. Política, artes, estrategia, agricultura y modas en todo su brillante apogeo, dan alegría de vivir y de vestir bien. No se presentan mal les éleganees de l hiver. J as más significadas hechuras de sombrero afectan la forma mitad á lo picador mitad á lo Oirano Se hacen los sombreros del día, y para diario, de un fieltro tan flexible, que se hace de ellos lo que se quiere. Así que una vez puesto en la cabeza, cualquier presumida lo arregla según convenga á su fisonomía, dándole (al sombrero) lo que las francesas llaman le coup depouce de l artiste; y este golpe artístico es privativo de toda mujer elegante. Entre las telas que más se han de estilar este invierno, están las gruesas cheviotes, los lustrosos paños zibelinai, obscuros ó claros, pero con muchas canas todos; el pafio amazona el covercoat, las vigognes y otros por el estilo. Y entre los matices que más han de agradar, se contarán las mezclillas, el color lacre, especie de encarnado triste muy parecido al granate capuchino y el verde laurel. fc, 7 1 B B v 9 HI Como éste es el momento crítico en que muchas señoras y señoritas dicen jt B Eb- K (algunas de ellas por decir algo) Estoy desnuda; no tengo qué ponerme por si esta situación lamentable continúa cuando esta crónica se publique, me apresuro á decirlas, ante todo, que se abriguen, y que como abrigo demier cri está el de pafio obscuro, hechura raglán. Compiten con éste las levitas más ó menos largas, pero no cortas, con cuello Aiglon casi todas, cuello que mucho favorece, que abriga bastante, que debe ser de terciopelo ó de piel, y que mucho me gusta. (Esto último es lo de menos, lo que á nadie le importa, ya lo sé; pero yo lo digo. El bolero- blusa, sobre todo si es de magnífica nutria, es y será de lo más bonito que se lleve (y se traiga) da calor, no quita esbeltez, da gusto verlo y qué gustazo se dará la que lo adquiera! Eeflriéndose al peinado, asegura un buen peluquero que nous verrons la coiffure s abaisser franchement cet Mver. ¿Conque el moño francamente bajo? Pues, francamente, no resulta Y esto no lo digo por mi, sino porque muchas lo dicen. Sigue siendo cuestión palpitante la de las faldas. Unas modistas dicen que las de calle y paseo continuarán siendo largas; otras afirman que serán cortas, al ras del suelo. Ojalá acierten éstas. Oreo que sí, que acertarán. Los corpinos lujosos llevan berta ó fichú, que casi viene á ser lo mismo; una ú otro se hacen de muselina, de gasa ó de seda, y ostentan buenos encajes. Vuelve el terciopelo negro para toilette de diner. Un vestido de esta tela con adornos de punto de Inglaterra, convertirá una dama del siglo xx en una de la corte de Luis xiii, ¿no es verdad? Convengamos en que de todas estas exquisiteces resulta el chic en cuerpo y. falda. MAD. DB M U S S Y