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-Insúltame lo que quieras, como satees hacerlo. Eres sagrado para mi. Pero vuelvo á repetírtelo: te espero aquí siempre. -Antes te irás tú que yo, porque ahora mismo- ¡Adiós, y: acuérdatel ¿Por quéíustigas, cobarde? Si no llevaras la sagrada carga que llevasl IV- ¡Al finr ¿Decían los del furgón que soplaba un vientecillo helado? Pues no lo noto, y voy en. alto. ¡Si reina una temperatura de primaveral Es que no hay frío posible, hiele, cuando arde dentro del pecho el fuego de la venganza satisfecha. Ha muerto; aquí le llevo, yo mismo, por mi propia mano. ¡Nueve años esperando dos horas, estas dos horas en que la víctima, el débil, el inocente, se cobra de la hiél bebida sin culpa alguna! ¡Eendidle el. último tributa los que le acompañáis ciegos; elogiad sus virtudes cívicas! Eué ua varón justo, proboy bueno, ¿verdad? ¡Dígalo yo, que por esas prendas ocupo este sitio! Los lacayos me miran. Saben que no bebo, y se extrañan de mi agitación. Creerán que estoy loco. Voy hablando solo. Ignoran que no soy un auriga cualquiera conduciendo un cadáver, sino uno que salda una cuenta antigua de un rencor, muy hondo. Ha muerto á lá mitad de su vida, como su víctima. El castigo ha sido igaal á la ofensa. No podía por menos que descender de lo alto sobre su cabeza. Ahora pertenece á Dios, y él le otorgará su misericordia si lo cree E. -t acreedor á ella. Yo no podía perdonarle en modo alguno. Una santa memoria me lo impide. Mi rencor se apagará mañana; al fin pertenece su causante á una tumba; hoy sangra la herida. ¡Lo que ese cadáver trae á mi memoria, me hace aún estremecer de dolor y de rabia! Oye, lacayo; haz el favor de tener los caballos delanteros un instante. ¡Gracias, hombre! Voy adentro á echar yo también mi puñado de tierra y á verle por última vez. V- -Qué, ¿vienes á despedirte? -Nunca he sido cochero de oficio. ¿Qué estás diciendo? -Al entrar á servir en su casa, me guiaba sólo una venganza. Le contaré la historia, una historia lúgubre y vulgar por desgracia. ¡Cuántas habrá iguales envueltas en sus lágrimas ignoradas! Mi madre tuvo amores en su adolescencia con un infame que la abandonó después de perderla, casándose con otra. Sin su hijo y sin haber sido buena cristiana, se hubiera matado. Vivió por mí y para mí; pasaron los años, y el malvado murió al cabo, dejando otro hijo legítimo. La miseria más horrible nos abrumaba á mi madre y á mí. Por ella, sin que lo supiera, acudí á él, implorando su compasión. Me arrojó á la calle, é hizo más: insultó á mi madre en mi presencia con él insulto más horrible para una mujer. Me faltó el valor personal para saltarle el cráneo de un tiro. ¡Soy cobarde! Oculté mi odio, pidiendo al cielo que me permitiera verle morir, y esperé, esperé siempre. Y sucumbida mi madre al peso de su dolor y de su desdicha, concebí el proyecto á que he puesto término. Aquí vivía con su familia; en la población no hay más que una funeraria. Y me metí á cochero para llevarlo á enterrar yo mismo. Ya lo he conseguido. Mi madre está vengada. ¡Quede usted con Dios, y hasta nunca! DIBUJOS DE ESTEVAN ALFONSO PÉREZ NIEVA