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C- áSk. -i j isrj Í. A. Sj V- 7 s r; irii icn i- ii el lirc -imliui vi r. le i -i t. linl ii- iil y i ui tanli iTci MT ii mi liorinano, all: i, cn l y nj, ci) L ipinl (Mii; ifiu -i, y con un brii i nniv íniüilc un- ll.ii n. ili.i -Y jCoiiHi -raV- -Verde. Era una mata que está sobre el peñasco, y con el aire se movía. -Bien. Todo esto, míralo bien, todo esto se debe á bien poca cosa; entre la nl. i OUL, y la eternidad apenas hay nada. Verdad que vida y eternidad todo es lo mi M. xf J ¿Me entiendes, eh? Pues no se lo digas á nadie. Y ya con la fiebre bien alta, entróse D. Alejo en el hogar y se encerró en sus in u taciones. ¡Con que verdesl El mar, el aire, los árboles y las matas... todo brilla con lu i ei 1 sas. Con luces de esmeraldas. Es natural. Yo fui al Brasil sin un escudo; luch. -1i.i b. nc me desesperé y nada! ni un escudo. A España otra vez ¡A tu tierra, grullal Y en i l r. iu, i, tm- a venía eí, rico; es decir, rico para como yo venía Traía dos esmeraldas, licrmi. i- lim pías, sin un átomo de jardín: ¡seis mil durosl Un sueño de Oriente, tentador, sugestivo Eia, mi amigo, mi paisano, mi protector. No importa! La tempestad nos vuelve locos; el barco era otro loco dando bandazos entre las olas. ¡Eh, á los botes! A los botes y con el cuerpo- -Llevo las esmeraldas, eso no pesa. ¿Sí? pues á propósito. Y le hundí una cuarta de acero en el mejor sitio: entre la quinta y sexta costilla, segdn creo. No sé qué dijo pero algo dijo de eso estoy bien seguro. En seguida al cinturón; el cuerpo, por la borda al mar, al mar imponente que iba destrayendo al barco. Después, ¡todo esto! Más tarde, aquéllo, la sepultura llena de mármoles á la vera del pueblo, del bosque, de la fábrica, de la vida poderosa y libre que yo he creado. De no encontrarme esa tentación en el camino, quizá la hubiese creado también, ¡quién sabe! ó hubiera muerto en un hospital ó me hubieran comido los lobos Ello es que dos esmeraldas han hecho esto: dan de comer á un pueblo, ensanchan el país aumentan la vida... Pero me acobardo ya. me dan temblores, y esto es mal síntoma. Es que me voy acercando allá, á la easa vacía Hay algo, debe de haber algo, que es más fuerte, más grande que todo esto que me parecía admirable. En esto, en un ángulo, el más obscuro de la habitación, fulguraron dos luces, siniestras verdosas, de una fijeza que daba espanto. El anciano las vio y subió de punto su calentura. ¡Esas son! viven, me acusan, quieren conturbarme. ¿Son esmeraldas? ¿Sois aquéllas? ¿Queréis ver niis noches sm sueño... todo por aquéllo, que fué como un relámpago? Pues no las veréis... Me voy allá, con nai nieto, á la paz, al silencio, que dura siempre... al descanso y al omdo. ¡Ahí os quedáis, malditas! Seguid acusando; que tiemblen los otros, yo no tiemblo como al salir viera en el aire las luces verdosas de las luciérnagas y en el mar el rel ampagueo de trémulas fosforescencias en que parecía arder el oleaje, abrumado y loco, huyendo de aquel fulgor verde que llenaba el mundo, echó á correr hacia las rocas y se tiró al mar, que g Sit Js é i m p l S f e í li diendo, tragando en sus senos ruEn tanto, el gato negro se desperezaba voluptuosamente en su riñtóia obscuro, y kbriendo ra f n L f f íl J la sombra las luces fantásticas de sus ojos bellos y fulgurantes como dos limpísimas esmeraldas. JOSÉ NOGALES