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LA CORRIDA DE LA ASOCIACIÓN DE LA PRENSA A CADA CUAL LO SUYO I MPBZAMOS por reconocer que al protestar ruidosameate el público en la corrida del domingo pasado, inspiraba sus protestas en criterio de justicia; pero si ese mismo público hubiera podido ponerse en contacto con los firmantes de estas líneas, se habría convencido de que sumaban á la suya sus protestas. La Comisión organizadora de la corrida quiso oírecer un concurso de reses bravas, nunca presenciado en Madrid, y no perdonó medio en la consecución de este propósito, ni ahorrándose trabajo, ni escatimando dinero. Dirigióse á loa dueños de las ganaderías más famosas de España (Saltillo, Miura é Ibarra entre otros, rehusaron acudir al concurso por no tener toros á propósito) solicitando de cada uno de ellos un toro, costara lo que costase, y anunciándoles su pensamiento de exponer las reses en el Hipódromo para que el público y la afición pudieran examinarlas antes de la corrida. Por si este estímulo de publicidad no fuera suficiente, instituyó un premio de cinco mil pesetas á favor del ganadero cuyo toro, según el juicio de personas reconocidamente competentes, hiciera mejor lidia (premio que ha sido ya satisfecho en un giro telegráfico al ganadero señor Adalid) y por último, brindaba á los ganaderos una ocasión, tal vez única, de que la bravura de sus reses se destacara con honra y provecho para las respectivas vacadas en una fiesta de extraordinaria brillantez y de publicidad inmensa. ¿Puede hacerse, más para reunir, como deseaba la Comisión organizadora, ocho toros de empaque, sangre y bravura, que satisficieran los legítimos deseos de la afición, aunque representase un capital su salida á la Plaza? Alguien ha insinuado que la Comisión organizadora debió nombrar personas de reconocida competencia que eligieran los toros en las dehesas, y tampoco esa insinuación descansa en sólidos fundamentos. Téngase presente que no se trataba de una corrida ordinaria, sino de un verdadero concursó de réses bravas, de una competencia entre famosas gana; derías, y era lógico que los propietarios eligiesen por símismos los toros que las representaran, puesto que sólo ellos poseían, respecto á esas reses, datos y antecedentes que el aficionado más inteligente no puede descubrir ni sospechar por él tipo del toro, único fundamento, y muy ocasionado á error, para la elección en la dehesa. La Comisión organizadora aceptó, pues, las reses que los ganaderos enviaban al concurso; y únicamente el toro de D. Anastasio Martín, y por consentirniento expreso de dicho señor; fué elegido entre los de uña corrida que del citado hierro tiene adquirida el empresario de la plaza madrileña Sr. Niembro. íladie negará que el toro de don Anastasio Martín, por su aspecto, carnes y trapío era un verdadero toro de concurso, aunque en el redondel no confirmara las esperanzas que había despertado por su tipo. Esto por lo que respecta á los ganaderos. En cuanto á los matadores, la Comisión contaba con el concurso de Mazzantini, Fuentes, Cbwe íío y Eeverte, el mejor cartel que podía ofrecerse en una gran corrida de competencia, digan lo que. quieran los partidarios de otros toreros á los que nunca se dirigió la Comisión organizadora. Gonejito rogó se aguárdala su respuesta hasta el domingo 13 del actual; y ese día, ocho antes, de verificársela fiesta, telegrafió á la Comisión qu? lamentándolo mucho, no podía torear por prescripción facultativa. Fuentes, que sufrió una cogida recientementeen Zaragoza, salió para Sevilla el miércoles de la pasada semana, ofreciendo regresar el domingo para alternar en la fiesta; y el sábado á las once de la noche, quince horas antes de la corrida, telegrafió que, agravado en su dolencia, le era imposible cumplir su palabra. Reverte prometió en Bayona al redactor de El Liberal Sr. Loma tomar parte en la corrida de la Prensa, si bien oportunamente hizo saber que no debía contarse con ól, siendo entonces sustituido por Algaheño; y habiendo contestado negativamente el empresario de la Plaza de Valencia, por quien el último estaba contratado anteriormente, á la súplica que le hizo la Comisión de que le permitiera torear en Madrid, fué sustituido por Machaquito, como á última hora fué necesario reemplazar á Fuentes y Conejito por Guerrento y Lagartijo. Está es la verdad délo sucedido; y si el resultado no ha correspondido á los esfuerzos realizados para organizar una corrida con atractivos verdaderainente nuevos y excepóionales, ¿es posible hacer más para ofrecer una fiesta taurina de primer orden? Si los toros hubieran correspondido á su precio y álafama de sus ganaderías, ¿no hubiese sido la corrida de la Asociación de la Prensa de las que hacen época? Inútil nos parece insistir en este punto. Acremente han sido también censuradas por algunos las apuestas mutuas, aun cuando puede afirmarse que en nada, absolutamente en nada, influyeron en las protestas del público. Cuantos presenciaron la corrida nos acompañarán en esta afirmación. El escándalo que motivó el toro de Villamarta fué debido á su estado de ceguera, causado por la lidia. En el certificado de los veterinarios, que obra en nuestro poder, consta que el mencionado toro se encontraba en perfectas condiciones. De no haber sido así, no hubiera salido del chiquero. Las citadas apuestas tendrán ó no, partidarios, pero conste que ni dan ni quitan bravura á los toros, ni valor ni inteligencia á los lidiadores, y que de antiguo vien i tbhcertándose, particularmente entre muchos a ionados de Sevilla, sin que hasta ahora sepamos que se haya echado por ellas ningún toro al corral, ni haya ido aZ MÍe ningún torero. Las apuestas mutuas están autorizadas por la ley en hipódromos y frontones, y pagana la Hacienda un fuerte impuesto. La Asociación de la Prensa puede y debe organizar corridas de toros y toda clase de espectáculos para cumplir sus fines de sociedad benéfica (pues esto y no otra cosa es la Asociación de la Prensa) del mismo modo que lo hacen la Diputación provincial, las Juntas de Caridad presididas por respetables señoras, la Cruz Eoja, etc. etc. Lo que no puede ni debe hacer la Asociación de la Prensa es atender á sus citados fines benéficos con el trabajo de los demás, y los que estén en la creencia de que esto sucede, deben leer las cifras que se publicarán oportunamente. Y terminaremos afirmando que hasta los organizadores de estas fiestas reciben su pago y recompensa (todo no ha de ser censuras y disgustos) á cambio de los desvelos y sacrificios de todas clases que aquéllas oca 8 Íonan, y consisteesepagoenpoderaportarlos medios necesarios para acudir al auxilio del periodista desvalido ó enfermo, llevando á muchos hogares un poco de esperanza y de consuelo cuando los que en ellos habitan y sufren podían juzgarse desamparados por todo el mundo. La Comisión organizadora, TOECUATO LÜOA DE TBNA, J FRANCOS EODEÍGÜEZ, JAVIEB- I ETÉGÓJ!