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1 H ro f h -if Vi tí m m 6 j ajurase de aqu. ella herejía de la Eepiibliea que traía perdíos á los mozos é iba á concluir con el mundo, según lo que ella vela de judiadas y animalás; porque el hijo, cuantimás lagrimeaba y moqueteaba ella, más terne y más emperrao; era el puro jierro aquer chaval ¿Quedábale otra por dentro? Lo cierto era que él quería á la sefiá Remedios punto menos que á la Virgen de la Esperanza y al Señor del Gran Poder. I No le hablaran á él de otras veneradas imágenes! Pero una personita había en Sevilla que hacía al mozo lavarse, ponerse camisa limpia, mirarse al espejo, lustrar el correaje, andar con más garbo y lucir los galones de cabo como si luciera un par de entorchados relumbrantes. III IDILIO hs lorep s, no vitTdii ni ni- ll (i, ni lo lu rc) ii imporlaiicia uliínna, ni teii- Iriin ic- iM) de MICC. J IS ta- li t! y si; i c iiibarL o aqni ll es lili lili reracillo il liÍNloria patria, rotacilJo ni to, i iilodiiili) sanírrii iiti) y por afiadidiira muy pari. -1- iil a on- -nuií- ho (jiie amlan roilaiiil jior las Irai- ti ia- ilo la scñoni Clio. Ma- í al cal es nn jironcillo ilo cpopi ya naf i ü ü- i l C U 1 lUlíUd J fU yUÍÍ Ttí cu lá TUlia í, U No, no creaa ustedes que voy á hacer historia. ¡Dios me libre del atrevimiento! Novela es, ó novelita, ¡y gracias ó como ustedes gusten llamarlo, esto que voy á trazar aquí de prisa y en forma descarnada y monda de follajes y arrumacos retóricos. II PEASQUITO LLAMAS iQué guapo era, señores, qué guapísimo, aquel píllete de Frasquito Llamas, aquel avispado oficialillo de herrero que I Pero dejemos hablar á su madre, sevillana neta, creyente y pacífica, que á la puerta de la fundición de San Antonio acaloradamente discute con un grupo de señoras de la manifestación, -así dieron los periódicos en llamar á las amazonas rep ublicanas. ¡Gáyese usté la boca, sefioral- decía la sefiá Remedios. ¿Qué tié que vé Maoliyo ei Manco, ni Mengue er Mondonguero, ni er Cartujano, ni denguno? ¡Si no es porque yo lo diga, pero onde se pone Frasquito Llamas, republicano y tó, onde se planta mi Frasquito con ersuni orme cantona, y aqner garbo y aqueyo andaré y aqueya sar de Dio, se pué pone er Nifio e la Vinge de lo Reyel ¡Y ya se rae fué la lengua, porque en tocando á mi Frasquito! Y lloraba como una tonta. Razón tenía la buena mujer para entusiasmarse con el crío: primero, porque lo había engendrado, y además porque Frasquito era hermoso como una escultura griega, valiente como un héroe del Romancero y más arrogante que el mejor matador de toros en medio del redondel. Desde que nifio aún, y con el pañal de fuera, acaudillaba aquellas heroicas pedreas que dejaron tan alta fama en los Humeros y Puerta de la Barqueta, descubríase en el mocoso aquel don de mando, aquella certera vista, aquel arrojo y fiebre de acción que revelan á los grandes capitanes. De tal madera, ó más bien de tal bronce, fueron los Alejandros y Bonapartes. Lástima que aquel pollo de dictador gastase formas tan poco dignas del alto estilo de la epopeya, y que el prurito de hombrearse con los más desalmados cíclopes de la fundición He várale á presumir de bárbaro y á cultivar su animalidad, porque á no empeñarse tanto en parecer hombre, hubiéralo sido de veras. Y de nada valían los gritos de la sefiá Remedios, ni sus plegarias y novenas para conseguir que su hijo se convirtiera y Aquella personita se llamaba Mercedes, y era lo singular del caso que tenía por padre al guardia López, uno de los guardias civiles incorporados á las tropas que Pavía acaudillaba contra Sevilla. Pero ¿qué importaba que fuese su padre un sivi, un verdugo del pueblo, si la chiquilla valía muchos JPeruses y era bonita como la propias rosas de Mayo? ¿Ni qué culpa tenía ella de que su novio fuera cantonal, si era más valiente que Prim y más reteguapo que el ángel del paso de San Juan de la Palma? Así, que cuando ella oía cantar por las calles aquellas coplas de la República, Ni me peino ni me lavo hasta que no se establezca ni me pongo la resilla, la República en Sevilla, y otras de igual arte, aunque su padre fuera civil se le alegraba el alma, porque ella no era republi cana, ¡pero como su chiquillo lo era La noche que precedió al primer día de fuego- ¡noche de indescriptible ansiedad para Sevilla! -Frasquito, de paso que llevaba un parte para el Comité central, se escurrió y llegó á la reja de Mercedes. ¡Así como así, acaso no la veré más! -pensó, y no pudo resistir á aquel deseo. ¡Qué escena aquella á través de la reja bañada en luna y rodeada de macetitas de albahacal- -Frasquito, el corazón me da que se viene una desgracia muy grande; deja esa gorra, ese mardesío fusí y eso galone colorao; métete en casa, y entre mi madre y yo te esconderemos, como... se han escondió otros. ¿Qué dises, Mercedes, hay desertores por aquí? ¡Abre, abre la puerta! -Sosiégate, chiqniyo, que aquí no hay nadie más que mi madre y yo. ¡Ah! creí ¡Y lo que es como me engañes! ¡Qué he de engañarte, si te quiero más que á mi alma! -Sí, pero tú me hablabas de esconderme... ¡Morena, si otro me lo dise! ¡Jesús, que me asuntas! ¿Sabes tú lo que me proponías? ¡Eso se llama traición, cobardía, bajeza! ¡Eso es desertar, renegar merecer cuatro tiros por la espalda! ¡Y quieres tú que yo haga eso! Mercedes, ¿me querrías tú así? ¡No, nifio, te quiero como eres; más hermoso que el sol y más valiente que el Cid! ¡Pero por lo mismo que te quiero tanto, no quiero, ¿lo oyes? no quiero que te maten! -Déjate de lagrimeo, tontuela; vosotras las mujeres no sabéis de estas cosas. ¿Te acuerdas de aquer día que habló Oastelar en la Lonja? ¡Más te valía no haberle oído; desde aquer día estás chalaíto por estos belenesl ¡No disparates, cariño! ¡Tú no le oíste, tú no viste aquéyo! Tú no sabes lo que es convertirse un hombre en un dios, y gorverse loco toíto un pueblo. ¡La fija! Así, tan retacuelo como es, y con su vosesiya é madama, ¡cabayeros, qué labia la suya! ¡Si le hubieras oído! Perlas y brillantes echaba por su boca, y estábamos lelos, y no se oía ni er resoyá de tanta arma; y ¡créelo, niña! mesmamente veía yo laspaderes y las bóvedas del Oónsulao jMÍ e y desapartase pa deja salí toa aqueya música de palabras, toa aqueya fogará é luminarias y toíta la riolá de gente gorda que aquer jesichero de hombre nos iba poniendo vivita allí elante los ojos ¡Tá no sabes! ¿Qué sabes tú de aqueyas gentes de la antigüedad, de aqueyos héroes estólicos, que se morían riéndose y ¡como na, como tú te bebes un vaso de agua! ¡por el honor de la patria, por la República, por la liberta del pueblo soberano! ¿Y aqueyo de la gloria y de las arpas o fóeos, y aqueyos cielos abiertos y aqueyas palmas, y aqueyas umias sanatorios, y aqueyo de la inmortalidad? ¡Pues si uno no se mata por eso, por qué se va á matar en er mundo, chiquiya! Y ella le contemplaba extasiada; su novio tomaba á sus ojos las proporciones de los héroes homéricos. ¡Qué hermoso era todo aquello! Verdaderamente morir por tantas cosas ignoradas, incomprensibles, sobrenaturales ¡qué dichaf ¡Pobres niños, lástima de corazones sin hiél! Pero todo aquello era por la patria, por la libertad, por la República. ¿Sabes tú lo que es la República? -preguntó de pronto Mercedes. ¿La República? ¡Vaya! pues eso, ya lo sabes. ¿Tú qué entiendes de ello? -Pues tú tampoco lo entiendes, ¡no me digas! ¡Y mira que ir á matarse por una cosa que ni se sabe lo que es, ni qué cara tiene! ¡Gáyate la boca, cotorra! ¿Sabes tú lo que es el queré, sí ó no? ¡Toma! yo... ¿la verdad? ¿la verdad? tanto como saberlo no lo sé; ¡pero lo siento y basta! -Bueno, ¿y te dejaría mata por mi queré? ¡Sí ó no, como Gristo nos enseña! ¡Peasito asín me dejaría yo hasé por el queré tuyo, nifio mío! ¡Pue jate cuenta que eso digo yo de la República! Y como sonaran de lejos cornetas destempladas, el pobre Frasquito, vuelto á la conciencia del deber, suspiró hondo, besó con delirio las manitas de Mercedes y hasta los hierros de su reja, y echó á correr calle adelante con el fusil al hombro, la cabeza muy erguida y los ojos llenos de lágrimas. I V lí DÍAS T B Í G I C O S Desde aquéllos de la bárbara agresión á un entierro en la Macarena y del salvaje asalto á la Maestranza, no se vivía en Sevilla; todo era clamar de cornetas, patrullar áé pelotones, alborotar de chiquillos, cierres inopinados de tiendas, insultos á los ricos, amenazas á los sacerdotes, registros y allanamientos de casas, silbidos, carreras, sustos y asonadas á toda hora. A la llegada de los malagueños, el escándalo fué morrocotudo. ¿Pues y el día de ¡a proclamación del Cantón andaluzf Pero