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CUENTO l AKA 1 OS NiSfOS QUE ESTUDIAN GRAMÁTICA Y PAEA LOS HOMBRES QUE KO LA HAN ESTUDIADO AS letras viven en una estrecha comunidad llamada alfabeto; pero hembras al finí rabian dd verse juntas y arman cada zipizape que canta el credo. Un día el alboroto adquirió proporciones de escándalo; aquello ya podía calificarse de verdadera revolución. Las cinco vocales, separadas de las consonantes, porque su importancia les da mayor categoría, acudieron presurosas para averiguar la causa de aquella algarada. ¡Ehl- -gritó adelantáíidose y diciendo su propio nombre la segunda vocal, -basta de rifia y sepamos lo que ha sucedido. Las consonantes, que estaban vociferando é insultándose mutuamente, callaron al ver llegar á las vocales. ¡Allí- -exclamó la primera de éstas, -va á ser necesario que no nos separemos de vosotras ni un solo instante si habéis de entenderos y servir para algo. En cuanto os dejamos solas, ya está armada la gresca. ¡Ohl- -dijo la tercera vocal, -esto no puede continuar así. Debe castigarse á las culpables para que no se repita el alboroto. La T, tiesa y rígida como siempre, asintió á lo dicho por la O; y la JJ, con su carácter sombrío y hosco, gruñó por lo bajo. -Ea, señoras consonantes- -dijeron las dos primeras vocales, -refiérannos lo sucedido. Las amotinadas empezaron á hablar á un tiempo, armando tal guirigay, que no era posible entenderlas. -Yo lo diré, -gritaban unas. -Nosotras lo explicaremos, -decían otras. La autoridad de la A so impuso pronto; sentáronse las cinco vocales á manera de tribunal, y restablecióse por fin la calma. -Qae hable la B, por ser la primera dé las consonantes, y que nos cuente todo lo sucedido. Lai 5, humilde y dulce siempre, se inclinó como agradeciendo la preferencia con que la honraban, y dijo así: -Señoras vocales; debo ante todo manifestar que no tiene gravedad alguna cuanto ha pasado entre nosotras, y que todo ello ha nacido de apreciaciones que pueden ser erróneas. La Ch, hija de la O y de la H, salió á la defensa de ésta al oir que la K decía que la JTera una letra inútil, y que si no se hubiera casado con la Cno serviría absolutamente para nada. Mentira! gritó la K, interrumpiendo á la oradora. ¡Silencio! -exclamó la A. -Siempre has de ser tú la que lo niegue todo. iA -Parece mentira- -dijo entonces la Q, rival eterna de la K, -que sea tan insolente una letra que no puede ser repetida. Las consonantes soltaron la carcajada, y la A, para imponer el orden, agitó la campanilla la campa nilla de la garganta, que es la única que agitan las letras. Restablecióse el silencio y continuó la JB; -La H, que oyó hablar de su inutilidad, procuró defenderse; pero lo hizo en términos tan vivos, que se dieron por ofendidas varias compañeras. -Y ¿qué clase de insultos le habían dirigido antes? -preguntó la O. -Pues le dijeron que no servía más que de estorbo, y que lo mismo podía escribirse todo con ella que sin ella. -Y además- -dijo entonces la S, -la G, que es una insolente, me ha dicho que para probar lo poco que valgo, basta reparar en que cuando no se da importancia á una cosa exclaman todos: ¡Llámelo usted, hachel- -Ge, ge, -dijo so carroñamente la letra aludida. ¡Silencio! -volvió á gritar la A. -Continúe la B. -Yo- -dijo ésta, reanudando el interrumpido discurso, -creo que la S, á pesar de los insultos que ha recibido, debe dar en el acto una satisfacción á las letras ofendidas por ella. En el calor de la disputa las mandó á la, M. ¡Basta! -exclamó la A. -Yo debería castigar esa insolencia; pero comprendo que la i f s e haya incomodado al oir que no servía para nada. Están en un error las que sostengan eso. Ninguna de vosotras, sin unir s e a una vocal cualquiera, sirve absolutamente para nada, por lo cual debéis todas ser humildes; pero si á alguna puede disculpársele la vanidad es á la H. Esta letra representa la educación, la cultura. Es la que de muestra si la persona que escribe es ó no es instruida. ¡Cómo os reís todas al ver, por ejemplo, ombre escrito así, sin esa letra que consideráis inútil! -Con H ó sin jí- -dijo la B, -siempre será un hombre. -Sí, pero un hombre sin educación. Basta, pues- -añadió la 4 levantándose; -traten todas á su compañera la íT con las consideraciones que merece, y no vuelvan á reproducirse estas escenas lamentables. Eetiráronse las vocales, y para probar que el fallo de la A les parecía justo, todas las consonantes bailaron la J. Sólo la B seguía murmurando: -No me convenzo; la J 2 es completamente inútil. Como era natural, la B tenia que seguir erre que erre. MIGUEL RAMOS OARRIÓN