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Santander, la Corufia, y á ser posible de las Islas Azores. Este deseo le aprecian los hombres de ciencia como indicio de que el Sr. Orcolaga no es un pronosticador vulgar, porque en esos avisos telegráficos fundan todos los observatorios del mundo sus pronósticos del tiempo proháble. i El vicario, además, no se ha limitado á observar y á telegrafiar cuándo cree que va á hacer mal tiempo, por que, eso sí, del bueno no se preocupa, y dice que para él lo esencial es que el Cantábrico no devore tantas víctimas; y por eso se limita á dar la voz de alarma á los marineros; sino que ha inventado aparatos, alguno de los cuáles, como el wiicrobarómetro, causará una revolución en la meteorología, según afirman los que conocen el aparato y la ciencia. Y es lo curioso que todo se lo hace él. Fuera del barómetro aneroide, que pende de una pared en un rincón de su dormitorio, los demás barómetros son obra suya. Un frasco, y no de los más finos, un tubo de cristal, una tabla tosca y un pedazo de metro de los que emplea un carpintero ó un cantero, y cátate el aparato terminado y funcionando como un reloj. Siete años llevaba en Zarauz haciendo observaciones con los aparatos de su fabricación, cuando se resolvió á utilizar los frutos de su estudio en beneficio de la gente pescadora. Era el 14 de Noviembre del año pasado y vio aproximarse un temporal que inevitablemente causaría muchas víctimas en el cruel Cantábrico. Vaciló no poco, pero pudo más su amor á los navegantes y telegrafió á los puertos de la costa y á las Diputaciones de Guipúzcoa y de Vizcaya anunciando la borrasca que se aproximaba. Grande fué, en verdad, el temporal y grande también el éxito del aviso. Desde aquel día se impuso la obligación de telegrafiar en cuanto su barómetro le indicase que se avecinaba el peligro. OABINETE DE ESTUDIO V BIBLIOTECA Hubo noche de levantarse veintitrés veces para observar las indicaciones de la columna mercurial. Después, más práctico, construyó el barómetro que aparece juntó á la puerta d su dormitorio, á un metro de la cama. La alteración atmosférica hace mover el mercurio, y entonces dos hilos eléctricos encontacto hacen sonar un timbre. El vicario, si es de noche, salta del lecho, y si es de día, suelta el breviario, hace sus observaciones, medita sus cálculos y se va al telégrafo, que le tiene frente á su casa. A bastante distancia del pueblo, y sobre un elevado cerro, van á hacerle las Diputaciones un observatorio donde podrá con más medios estudiar la ciencia que tanto le cautiva. La casa donde vive no tiene más que quiaientos y pico de años. Es casa vícarial con su correspondiente pedazo de huerta. La torre él la ha improvisado. A ella sube con frecuencia armado de un catalejo para observar el estado del mar y la dirección de las nubes. No tiene en lo que mejor pudiera llamarse palomar ningún aparato. El microbárómetro, los barómetros y los termómetros los tiene en su gabinete de estudio y biblioteca todo en una pieza; pero en una pieza pequeña, miserable, ahogada, en la cuaThayL n deliciosa anarquía mezclados libros piadosos y científicos, fragmentos de mineral, frascos, periódicos, tablas -h ramientas, papeles de música (porque también es músico) sobre tres sillas, el remate del armario que ha de ontsner el microbárómetro costeado por las Diputaciones; en las paredes clavados un mapa del Transvaal, otro a 45 uipúzcoa y otro de la bahía de Manila; un anteojo sirviendo de pisapapeles. y así por este orden todo el gafein té. El segundo observatorio, ya lo he dicho, está situado en su alcoba. Es verdad que dfesno haberle instalado en la cocina, no hay en ía casa sitio para más lujos. Y así vive el ya popularísimo vicario de Zarauz, á quien sus aciertos le han dado justa reputación de hombre entendido, ya que de virtuoso y cura ejemplar la tenía bien conquistada. Eso sí, como no anuncia más que los temporales, y este verano los ha anunciado diariamente, y como á San Sebastián le conviene que llueva poco, sobre todo durante el estío, va á conseguir que todas las patronas de huéspedes de la capital suscriban una exposición dirigida al obispo de la diócesis suplicándole que traslade al vicario de Zarauz á Castilla, á Extremadura, ¡qué sé yol adonde llueva poco y haga falta que caiga agua de firme. ANGBL M A E I A DORMITORIO DEL VICARIO Y BARÓMETROS PARA SUS OBSERVACIONES FOT, RESINES OASTELL