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EL VICARIO DE ZARAUZ AY quienes dicen que al vicario de Zarauz le he popularizado yo desde las columnas de Él Imparciál. Si es así, no me pesa. Yo no sé si es un sabio. Doctores tiene la madre ciencia que os sabrán responder. Yo no afirmo que acierte siempre en sus pronósticos. Lo oue sostengo, y lo pruebo si es preciso, es que ba evitado muchas desgracias en el mar, previniendo á los pescadores la proximidad de los temporales. Y lo que afirmarán conmigo cuantas personas han veraneado este año en San Sebastián, es que el vicario de Zarauz no ha malrotado el dinero de la Diputación en sellos de telégrafos. Cuantas veces ha avisado que iba á llover, han caído otros tantos diluvios. Arana, el popular empresario á quien este año se le ha vuelto el santo de espal (ias, porque antes, dar él corrida de toros era asegurar el buen tiempo, y si llovía disparaba unos cuantos cohetes que tenían la mágica virtud de disipar las nubes; Arana, repito, le telegrafiaba todos los sábados; ¿Lloverá mañana? Y el vicario le contestaba: Lloverá. Y llovía. Lo que tiene es que Arana se callaba la contestación por no desanimar á la gente y por no declararse vencido, él que fué dueño y señor del horizonte y del sol. Sólo un sábado, el primero del mes de Agosto, tuvo contestación satisfactoria. ¿Lloverá mañana? preguntó. Mañana hará buen tiempo contestó el buen cura. Y el domingo 4 de Agosto hizo un día hermoso. Quizá el único día sin nubes de todo ese mes y de todo el estío. Algunas semanas más tarde llegó otro telegrama anunciando temporal. La noticia se acogió con risas y hasta con chistes en el Gran Casino. Era de noche; una noche deliciosa, de cielo diáfano. La luna aparecía sobre la torre del faro antiguo del F A C H A D A P O S T E R I O R Y T O R R E DEL O B S E R V A T O R I O monte Igueldo simulando un punto sobre una i, como dijo Muaset. El Nordeste aseguraba el buen tiempo. Nada, que el vicario se había equivocado esta vez. Amaneció lloviendo el siguiente dír, y durante veinticuatro horas cayeron de las nubes las cataratas del Niágara. Si de todo esto puede certificar la gente que ha pasado el verano en San Sebastián, de otros muchísimos aciertos pueden certificar los marinos de este litoral. Hasta aquí había habido meteorólogos de afición. ¡En qué puerto no los hay! Es fama qne el párroco de Santa María cita el día del Corpus por la mañana á todos los doctores en achaques del tiempo, de los cuales doctores hay un buen contingente en la Jarana, el barrio de los pescadores donostiarras. Reunidos en concilio, les consalta si lloverá ó si brillará el sol. Si le dicen que el tiempo está para llover, ordena al sacristán que prepare á todo escape la procesión. Y como le digan que el sol brillará todo el día, la orden es de que no se mueva á las imágenes de sus altares ni se saque los pendones de sus armarios. Y sin embargo, loa pescadores dan más fe á sus meteorólogos que al barómetro. De este aparato dicen que no sirve para nada. (Cómo ha de marcar- -exclaman, -si nunca se le da cuerda! Creyendo en los pronósticos de los que con frecuencia se equivocan, mejor han de creer en los del vicario de Zarauz, que acierta. De ahí la popularidad del excelente párroco en todo el litoral; de ahí la veneración que por él siente la gente pescadora. No! y que el hombre vale, lo demuestra el hecho de dispensarle su protección las Diputaciones provinciales de Guipúzcoa y de Vizcaya. Son muy serias estas corporaciones para meterse á patrocinará ojos ciegas una superchería. D. Juan Miguel Orcolaga, que así se llama el célebre vicario, fué á Zarauz hace ocho años. Era coadjutor en Hernani y pasó de párroco á aquella otra villa. Tuvo siempre afición á la astronomía y á la meteorología, dedicándolas muchas horas de estudio. Al principio en Zarauz dedicábase, amén de la cura de almas, á observar el mar y el cielo. El temporal le predicen muchos en cuanto ven reventar en espuma la ola lejana y aparecer hacia la parte de Machichaco celajes sospechosos. Pero ese temporal se echa encima en muy pocas horas, á veces casi en minutos. Preverle ó presentirle, ó lo que sea, y anunciarle con bastantes horas de anticipación para evitar catástrofes marítimas, es lo que, al parecer, ha conseguido el Sr. Orcolaga. Yo no sé si á fuerza de estudios ha descubierto la ley á la cual obedecen los temporales del Cantábrico, del mismo modo que el ilustre P. Sechi descubrió la que determina los del Mediterráneo. Si así fuese, el vicario de Zarauz sería un verdadero é indiscutible sabio. El buen padre desea, para mejor hacer y completar sus observaciones, que le telegrafíen los semáforos de