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E L TESORO D E L P I L A R A devoción á la sagrada imagen que se venera en el templo del Pilar de Zaragoza, llevó á sus aras considerables y valiosos donativos hechos por la fe de muchas generaciones y muchos pueblos, que si se conservaran constituirían un rico nauseo de joyas artísticas sin posible comparación en el orbe católico. Pero la edificación del templo y las reparaciones necesarias hicieron in. dispensable en diferentes ocasiones recurrir al tesoro de la Virgen, y de las antiguas alhajas, admiración de cuantos las vieron y orgullo de los aragoneses, son muy pocas las que aún se conservan en relación de las que poseyó en otros tiempos. A fines del siglo xviii, los estantes en que se guardaban los donativos sufrieron considerable merma, porque la continuación de las obras del templo exigió vender en subasta muchas de aquellas joyas. En 1809, después del Sitio, las tropas francesas des pojaron á la Virgen de algunas de sus más preciadas alhajas; sólo el general Launes se llevó por valor de 160.000 pesos fuertes. Muchas han podido recuperarse, y otras enriquecen museos, iglesias y casas particulares extranjeras. Desde Carlos I hasta nuestros días, reyes, príncipes y grandes hombres han depositado valiosos recuerdos ante el altar de la Virgen, cuyos estantes han sido en tiempos loa más ricos de las catedrales españolas. Aun habiendo sufrido tan frecuentes como sensibles bajas, constituyen hoy las joyas de la Pilanca un tesoro de gran valor. El año 69 costeáronse obras importantísimas en el templo con el producto de la venta de algunas de estas joyas, producto que ascendió á 6.000.000. Posteriormente se han costeado dos obras más: una por valor de 42.000 duros y otra por valor de 22.000. Por estos datos puede calcularse la importancia de los donativos hechos en todas las épocas por los fieles. Posee actualmente un artístico cáliz de oro con 1.999 piedras preciosas de incalculable valor, y que tiene el mérito de haber sido construido con el primer oro que se trajo de Méjico á España. Hay otro cáliz, entre los muchos que podrían citarse, cuya labor de esmalte sobre oro le da extraordinario interés artístico. En mantos, coronas, brazaletes, diademas y todo aquello que puede depositar la fe, hay verdaderas preciosidades, cuya riqueza y suntuosidad sorprende á todos. El joyero de la Virgen, admirablemente instalado en la sacristía de la Santa Capilla, guarda estas alhajas de tan enorme valor metálico y artístico que en los días solemnes, adornando el manto de la imagen, deslumhran los ojos admirados de cuantos la contemplan con los destellos multicolores de tanta pedrería. Solamente sortijas de oro y piedras preciosas figuran en este joyero más de trescientas. Entre los donativos más modernos, que son muy numerosos, merecen citarse un mosaico que regaló Pío IX al cardenal García Gil, y del que éste hizo donación á la Santa imagen; una caja con las iniciales en brillantes de la archiduquesa Isabel; un aderezo del difunto rey D. Alfonso XII, é inapreciables joyas de S. M. la Eeina Regente, la infanta doña Isabel y muchas damas de la nobleza. También figuran entre las riquezas del Pilar magníficos tapices, algunos de mérito tan extraordinario como los que regaló D. Dalmau de Mur, arzobispo que fué de Zaragoza. Estos dos rarísimos ejemplares son del siglo Ñiii, y su gran mérito consiste en estar bordados con oro sobre seda. No es posible enumerar los objetos que constituyen el tesoro de la Pilarica ni hacer un cálculo aproximado del valor que tienen. Sólo se puede formar idea equiparándolo con el fervor que inspira, con la veneración que se profesa á la sagrada imagen.