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encargan de asistir á los coléricos, establecer hospitales, luchar con la muerte, y por la noche, rendidos de sus obras de caridad, á cantar la jota. La jota I Ese es el verdadero himno nacional, la música españo la por excelencia. Oon la jota lo hemos hecho todo; la guerra, el amor, las revoluciones y las restauraciones, la adhesión y la protesta. Cuando los reyes pasan por allí, la marcha real es el saludo que les hacen clérigos y soldados, funcionarios y Ayuntamientos. Para probar que se les quiere, para que ellos sepan si son queridos, es preciso que oigan la jota debajo de sus balcones, esa que en las noches de luna suena á la, puerta de las torres ó tras las bardas de las parideras, la misma que nos cantaba la madre cuando éramos nifios y que se repite mil veces en el baile de candi! que presiden los viejos. Soleares, polos, peteneras, muifieiras, zortzicos, son cantos tristes, inipregnados aún de la árabe melancolía. La jota es almogábar, es á la vez viril y alegre, es nuestra propia vida, tan indispensable á nuestro ser como el viento aquel que desde la infancia nos curte para la vida, como el ruido del Ebro desde el puente de Piedra, como el culto incesante, inevitable, arraigado en nuestras almas, ya vivamos cerca ó lejos del Coso, de nuestra Virgen, do la Santa Patrona VISTA GENERAL D E ZARAGOZA -Póngase el señor marqués el gabán, que Corre aire de Moncayo. Aire de Moncayo en Suecial Parece un disparate y no lo es; porque donde quiera que estemos, en cualquier parte del mundo en que vivamos, llevamos dentro de nuestro ser el son de la jota, el viento de la tierra, la imagen de la Virgen, todo lo que otros pueblos olvidan con el tiempo y con la distancia. Nosotros no. ¡Cuántas veces se han reído de mí, amigos y compañeros que no creen en nada, de este culto fervoroso de) a Virgen del Pilar, que no me arrancará nadie más que la muerte! En los periódicos republicanos y radicales, en las revistas ateas, en mil conversaciones particulares, estos compañeros y amigos, cuyo ateísmo respeto yo porque cada cual es dueño de su criterio, protestan de la que llaman nuestra idolatría. Podrá parecer! o, pero no desaparecerá. IVIien tras haya Zaragoza y zaragozanos, Aragón y aragoneses, esa Virgen será nuestro eterno pensamiento, nuestro constante rezo, nuestra incesante esperanza, nuestra bandera en las grandes batallas, nuestro consuelo en las grandes penas. La Virgen del Pilar es el soberano eternamente reinante de nuestra tierra, y ante é! con ciega sumisión se postran todos los que llevan en sui venas sangre aragonesa. Toda la ciencia humana y toda la indiferencia religiosa que en estos D E S D B CABEZO C O R T A D O momentos quiere imponerse á España, se estrellarán siempre en aquel hermoso rincón de España que se llama Zaragoza la inmortal, Zaragoza la heroica, y la última fortaleza que á la Eeligión le quede será aquel templo en donde se guarda la imagen más visitada del mundo. No se destruyen en un día creencias de tantos siglos, lío hay bombas que destruyan templos como aquél. Unas y otro vivirán tanto como España. Viajaba el marqués de Ayerbe por Suecia y Noruega. Iba embarcado, y desde el pie de la escotilla le preguntó á su criado, que estaba en el puente: ¿Qué tiempo hace? CALLE D E L MERCADO A U D I E N C I A Y P A S E O D E L COSO