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PREGUNTICAS POR DEMÁS CUESTO BATUEKÜ osT que al fin te casas, Niceto? -Ohiquio, aún no m atrevo á dicilo. Miá que llevo nueve afios de fatigas, que si esto es vivir, venga Dios y lo vea. Primero, que la Quiteria no me quería, porque andaba fatiando con aquel señorito de fuera, lo cual que m hizo tragar más meneno que paja dan por cien duros. Aluego que logré que la chica m hiciese cara, salta su madre que si yo era probé, y- ¿Conque al fla te casas, Niceto? que si fué y que si vino total: que s acabó el cortejol Cuando apuro de trabajar ajunté mil ríales y le hablé á su padre, me sale con que ya sabía que no votábamos por él, y que no quería contrarios pulíticos en la familia. Entonces sí que m hizo hotar de rabia. ¡Amos, que m ha costao más apuros consiguila que costó la obra del Pilar! ¡Y aguarte, pollo, que aún no te pelas! -Hombre, ahora amonestan y todo, ya pues con tala en á pocha. ¡Sí, sí, en á pocha! Pues pocas garradas que estoy dando. Antiparte que me van á sacar os mil ríales antes de tener muUer. Voy al juez de paz por consentimiento y me saca una zarpada de dineros. Voy al sifió vicario, y que si la fe del bautismo, y las monestaciones, y lo de más allá ¡otra zarpada de dineros I Cómprale á la novia un pañuelo de flocos tó ramiao, que te cuesta treinta ríales, unos penVoy al siñó vicario, y que si la fe del bautismo... dientes de peseta y media y unas ligas de á cinco ríales, y te quedas tiritando, sin más que lo justo pa el cordero de la boda. -Y que aquel día se han de coger tragos. -Sí, es lo que pasa. Los malos tragos pa uno, y pa vusotros los de morapio. Cómprale á la Bovia un pañuelo áefiocos, -No te paizca que yo voy á la boda sólo de mirón. Cuenta aquel día con cuatro trabucazos güenos de mi parte. -A ver si vais con ojo y disparáis al aire, no tengamos la disfusión de sangre pa acabala de arreglar. De dale á alguno, que sea á mi suegro. Después de este diálogo. Niceto se fué á dar los últimos pasos para la boda, y su amigo Paco Truco á requerir las municiones para los disparos. Y el caso era que Niceto, digno por su buen corazón de que la suerte se mostrara con él más propicia, ignoraba el paso que iba á dar, y ni por casualidad siquiera había presenciado nunca la ceremonia en que le tocaba representar el papel de protagonista. A bien que eso le tenía sin cuidado. Él pensaba que para casarse le bastaba con querer á Quiteria y que el cura se lo diría todo en el acto de la boda. Así es que llegado el día vistióse sus calzones de paño, su faja morada, el ajustador y la chaqueta; calzóse los flamantes borceguíes claveteados, y se dispuso á consumar su dicha, que tanta paciencia le había hecho consumir. Todo el pueblo se había, lanzado á la calle para ver pasar la comitiva. ¡Qué vergüenza iban á pasar los novios al recibir las miradas curiosas de todos sus convecinos! A las ocho de la mañana de un día hermoso de el cordero de la boda. otoño- -por el Pilar es cuando se casan los buenos aragoneses- -salía de la casa paterna Niceto á la derecha de su padrino, y precedido de los testigos y acompañantes enfilados de cuatro en fondo; y con aire grave y solemne se dirigieron á casa de la novia, que acto seguido rompió marcha junto á su madrina, escoltada en idéntica forma que el novio. Nunca falta para estos casos un maestro espontáneo de ceremonias, y ¡ay del que se tuerce una línea! Al cruzar por la plaza del pueblo, viejas y chiquillos, gañanes y comadres calzóse losflamantesborceguíes... vocearon como un solo energúmeno: 1