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ELLA. ¡Oh, Dios mío, cuántos negocios! É L (aparte) -Esta, sabe ya lo de Olarita. 1 to. Sí, negocios endemoniados, que son cciii las olas, unas veces nos llevan, otras veces nos traen Así que es urgente la decisión: decide. ELLA. -Hay otros medios... suele haber otros medios ¡Es cruel esto de ir mutilando el collar; me parece que es una cosa viva que la vamos matandol Y esto me duele á mí; ¡me duele muchol ÉL. -Esos bellos sentimientos te honran: también á mí me duele; pero hija, á mal tiempo buena cara. Aún te quedan las esmeraldas, las divinas esmeraldas; mira, con ellas sólo, parece tu garganta nieve, nieve rosada ¡Brillantes! ¿para qué los quieres? Ya los tendrás, mejores quizá, porque nos queda algo muy hermoso: la esperanza. Y luego la dicha de salvarme, de salvar á tu marido, algo loco, algo irreflexivo, pero que te quiere ¡que te adora! ELLA. -Tómalos. Llévatelos. ¡Que no los vea más! ÉL. ¿Y lloras por eso? ¡Bah, nervosismo! III Fué una especie de naufragio lento en que se perdió todo: casa, muebles, rentas, ¡todo! Y el abismo que fué tragando con una voracidad de monstruo el bienestar de una familia desventurada, era un abismo múltiple, que se llamaba pereza, juego, presunción, vicio. Escandalosos amoríos solicitaron de Pablo crecientes excesos en el gastar, y vino el ahogo, la trampa, la deshonra. Ya no tuvo otra salida que una fuga á la desesperada, y la preparó, la premeditó con bárbara frialdad, aun sabiendo que mataba á la pobre Margarita, abandonada y enferma Para su fuga echó mano al resto del collar, á las esmeraldas, que tomó, no como esposo, sí como ladrón, valiéndose i y -í de la noche, del sueño y se las llevó, arrojando al suulo el uatuclie urcaÍL j cuuiu uní Z 43 pobre cosa inútil y vacía. Esto reveló á Margarita la espantosa verdad, y al perder con ella la líltima esperanza, como si una puñalada traicionera la hubiera partido el corazón, cayó moribunda, dando la vida en un sollozo intenso, continuado, de pobre víctima inmolada á la más bárbara de las deidades; ¡Ay ahuelita mía, abuelita mía! Y en el ambiente en que flotaban brumas agónicas, dibujóse, austera y triste, con un doloroso gesto de piedad, la cara de la anciana muerta. DIBUJOS DE MÉNDEZ BRINGA JOSÉ NOGALES