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l COUAR DE im HIIOS I A 3 f í- í? s; r? É fOABADA la ceremonia nupcial entró la abuelita, y con sus ojillos tiernos y algo llorosos miró primero á Margarita, su nieta, que estaba resplandeciente, aunque algo pálida por la emoción, y luego al feliz Pablo, apuesto y decidor, como quien triunfa en las grandes empresas de la vida. -Hijos, mi regalo n o podía faltaros; helo aquí: es una joya regia, inestimable. Mientras la tengáis seréis felices; ¡ay de vosotros el día que os vierais sin ella! Y entregó á Margarita un viejísimo estuche en el que había un collar de tres hilos: u n o de esmeraldas, otro de brillantes y el último de rubíes. -E s v e r d a d e r a m e n t e una joya príncipes, -dijo Pablo a d m i r a n d o el llar y adornando con él la garganta Margarita. -Hace un singular efecto; rece una bandera tricolor, u n a faja de code pade Kaes? iris en fin, querida mía, si yo fuera poeta, te diría cosas muy bonitas. -Abuelita mía, jcuánto te quiero! Deja que te bese así, con el collar puesto. Y la anciana se dejó besar, mientras decía á su nieta en voz muy baja: -Si alguna vez lo pierdes, l l á m a m e que esté donde esté, no dejaré de oirte. Y discreta y triste fuese la anciana, dejando solos á los nuevos esposos, libres ya en su amor santificado. Y como á p u n t o en que salía la abuelita salía también por la misma puerta el ruido de u n beso atronador y loco, m u r m u r ó aquélla: -Les dejo los tres bienes del m u n d o alegría, riqueza y esperanza. ¡Los tres j hilos de mi collar! 11 Algunos años después. Pablo y Margarita hablan en la misma habitación en que recibieron el regalo ue la auueiii. H a r i o se xiula, portel son oei que no son ya los amantes recién casados. E L -H a y capiiohos tontos que no se deben respetar; convéncete de que esto es tan ridículo como creer en brujas. Cuando quité del condenado collar aquel hilo cursi de rubíes, tuvimos la correspondiente escena. E L L A -Y no volvimos á ver la alegría en esta casa. No hay más que tristeza, sí, una tristeza muy h o n d a en el corazón. E L ¡Bah, nervosismo! A h o r a se trata de otra cosa m á s seria: del nombre, del honor No tiene uno la culpa de que salgan mal algunos negocios. Otros s a l d r á n bien; pero en tanto, hay que pagar, hay que cumplir. Esto e; rudimentario.