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céntimos en la capa misma de torear, lo menos compra la vifia grande del tío Perdigón y el huerto de Perrenguey el caballo tordo del secretario del cabildo ¡Anda! ¡andal Y eso sin contar con el vino que habrá bebido y Jas rosíítes y los pestiños que se comería en las casas donde lo convidaban, y las magras y torreznos que le han dado en casa del alcalde. Y q u e y o m e decido, á ser como el Rana ¡Y; vayan donde el maestro quiera, la gramática que se me atraviesa siempre en la lengua con aquellas cosas tan enrevesadas que traen siempre consigo una nube de coscorrones y Ja cargante y empalagosa aritmética, con aquello de se ponen los sumandos unos debajo de otros, que no puedo aprenderme, aunque sude gotas de sangre; y sobre todo la mesita de escribir fábrica de palmetazos, porque jamás salen bien ni á gusto del maestro, aunque me llene de tinta hasta los codos las 00, ni las A í, ni las a, a Y con un mandil ó trapajo de la cocina, que arrebató á la maritornes, y con unos palos que oficiaban de banderillas, y otro puntiagudo con empuñadura en forma de cruz, remedo del estoque tauricida, provisto ya de los indispensables adminículos, tan pronto tiraba una larga al gato, como lanceaba de frente por detrás ó echaba una cefíida eromca á la primer silla que encontraba á su paso, brindando la suerte suprema y los más comprometidos lances de capa al primer retrato que adornase la sala, ó al mismísimo Don Quijote, que en su clamleño aparecía como indispensable y principal figura de las láminas del corredor ó pasillo de la casa de Pepín Llegó éste con sus corridas á ser un verdadero arlequín y langosta de su domicilio, con detrimento del bolsillo paternal y fruición del encargado, por su oficio, de echar asientos nuevos á las sillas destrozadas- y olvidando ios consejos y regaños del dómine, dormían en un riucón los aborrecidos libros; y por no perder ripio eran también los novillos á la escuela la. distracción diaria de Pepín, que desarrollaba sus aptitudes por calles y plazas en unión de otros compañeros que, como él, juzgaban más práctico que el machacar sobre el libro de la acefoíd que hmpia, fija y da esplendor, el celebrar corridas séS ícas durante las horas robadas á la escuela y en las que, por caprichosas y nunca bien esclarecidas metempsífosis, tan pronto Pepín era el toro que con su fiereza imponía espanto á los lidiadores, como el feliz primer espada que después de lucida faena terminaba con clasico volapié. las, arrogancias del que momentos antes aparecía el más feroz de los Saltillos ó el peor de los mal intencionados Miureños Oasi un mes llevaban de duración estos devaneos, cuan do nuestro Pepín, que con alegría recordaba aquellos largos y bien sentados tufos y el pelo pa alante, como él decía, del insigne Paco Rana, re cibió las consabidas tres perras chicas, de manos de su madre, para que fuese á la peluquería á poner su cabeza oronda y moronda, merced á la acción de la maquinilla segadora de pelo remedio eficaz para la más práctica limpieza en los chicos; y ya el muchacho en la tienda, concibió y se propuso realizar el más estupendo de los planes que discurrir pudiera aquella cabeza de chorlito. I iue ¿qué importaba á nadie, ni qué mal hacía con que se dejase las chuletas sobre las orejas y con todo el pelo peinado jpo la calle y luciendo al tupé ja arriba tomase el verdadero aspecto de un matador de ganado bravo?