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país, decía que Marruecos es un saco lleno de ratas, que son las kaMlas, y al que es preciso estar moviendo siempre para no darles tiempo de que hagan un agujero por donde todas se escapen. Esta situación no es muy decorosa para aquellos rñonarcas, que en más de una ocasión han tratado de resolverla, En 1889 Muley- Hassán, llevando un ejército de 40.000 hombres, estuvo dispuesto á entrar en aquellos territorios, que al fin sólo se atrevió á bordear. En Mayo del 90, invitado por el Xerif, pasé unos días en su residencia de Uassán, donde tuve ocasión de conocer y tratar á los más caracterizados jefes de aquellas tribus. Nosotros me decía uno de ellos- -no tememos á nadie, porque no amamos la vida ni las riquezas, y lo primero que; enseíaamos á nuestros hijos es que el hombre sólo muere una vez. -Os olvidáis- -decía yo á otro- -que el Profeta os manda obedecer á vuestro señor, que es el Sultán. -Yo no tengo naás amo. que Dios, -me replicó vivamente. Así se explican las dificultades con que tropieza la diplomacia para terminar este asunto, en cuyo buen resultado tiene tanto ó más interés que España el Gobierno marroquí, y en el que Sid Mohamed- Torres- -digan lo que quieran los que no conocen estos asuntos- -procede con la mejor buena fe. No conociendo bien el modo de ser de aquel país, cierta- EL BASHIR UNIGO BARCO DE GUERRA MARROQUÍ SID MOHAMED- TORRES VOLVIENDO DE LA MEZQUITA ACOMPAÑADO POR SUS CRIADOS mente que nadie se explicará la actitud de aquellas autoridades; tal vez en los primeros momentos hubieran podido detener algunos individuos de la kabila que secuestró á los españoles; pero desde el momento que los cautivos llegaron á esas tribus bereberes, sólo pueden hacer lo que hacen: negociar con éstas por las buenas y ofrecerlas dinero por el rescate, al mismo tiempo que bajo cuerda se entienden con sus rivales y se reúnen tropas para castigarlas cuando y como se pueda. Otra cosa sería peligrosa y contraproducente; repartidos en la c o s t a hay millares de europeos que no podrían salir al campo, para evitar represalias sangrientas de gentes que no temen ni deben por el pronto; pero que más tarde, y por medios no muy nobles, aunque sí seguros, recibirán el castigo del Sultán, no tanto por el daño que hagan á los extranjeros, cuanto por los disgustos que le proporcionan á él con estas cosas. El Sultán tiene el brazo muy largo- -dicen los moros, y tienen razón. -Recuerdo lo ocurrido en la kabila de Haba entre Mogador y Marra: kes, que proporcionó á Muley- Hassán muy serios disgustos, análogos á, los que en estos momentos experimentará su hijo y sucesor. Tres años estuvo tascando elfreno hasta hacerse con las kabilas que rodeaban á aquélla; Guando estuvo seguro del éxito, la maldijo en hónibre de Dios, lo que significaba su destrucción y ruina; todos los hombres que la formaban fueron muertos; las mujeres y O F I C I Í Í A D E SID MOHAMED- TORRES EN LA CALLE PRINCIPAL DE TÁNGER