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LA CUESTIÓN DE MARRUECOS m ADA hiere tanto la imaginación como el misAlh terio de lo desconocido, y esa circunstancia explicaría por sí sola el interés que Marruecos despierta en España, si la vecindad, las afinidades de raza, la historia y otras consideraciones no lo justificaran sobradamente. La prudencia con que se han llevado hasta aquí las negociaciones para el rescate de los cautivos de Arcila, ha merecido el aplauso de los pueblos cultos; las reclamaciones producen ya cierto movimiento que hace prever que muy pronto estarán esos muchachos en Tánger, si no han muerto ó si no se encuentran á su gusto donde estén. Para quien conozca lo que son aquellas tribus, no LEGACIÓN DE ESPAÑA EN TÁNGER tiene explicación el que habiéndoselas ofrecido un buen rescate, no hayan restituido á los cautivos. ¿Habrán muerto y lo ocultarán para evitar cierto género de represalias allí en uso? Por el contrario, ¿alguno ó los dos se encontrarán tan satisfechos, que voluntariamente se hayan convertido al Islamismo? No acostumbran los moros obligar á ningún cautivo ó prisionero á ingresar en su rehgión; pero si alguno la acepta de grado, le consideran como suyo, y por defenderle y conservarle son capaces de todo. Agregúese á esto que esas tribus bereberes, por lo áspero del terreno que habitan, por la facilidad con que cambian de residencia, por la carencia de necesidades, por el poco aprecio de la vida y por su bravura, son y han sido independientes de hecho. Cartagineses, romanos, godos y árabes han pasado por allí sin sojuzgarlos jamás por completo. D. EMILIO OJEDA MINISTRO DE ESPAÑA EN MARRUECOS Aliados más que sometidos á los pueblos conquistadores, ellos fueron aquellos famosos númidas con que Aníbal sembró el espanto en Italia; ellos formaron después lo más aguerrido de la caballería romana; los que andando el tiempo vinieron con Tarik á nuestra tierra, que conquistaron sin trabajo; ellos, enfin, han sido los ünicos que verdaderamente combatieron con nuestras tropas hace cuarenta y un afios. Acostumbrados á manejar las armas desde niños; en lucha perpetua unos con otros; indómitos, soberbios, se burlan del principio de autoridad, y si respetan al Sultán como emir alwmmenin (príncipe de los creyentes) como rey no le hacen gran caso. Los sultanes saben explotar las rivalidades de unas tribus con otras, y bajo cuerda las mantienen vivas ó las renuevan cuando se extinguen, valiéndose de unos para destruir á otros y no dejándoles vivir en paz. Muley- Ismael, sultán que conocía bien el I M A T R I M O N I O M O N T E S P A D R E S DE LOS NIÍ 50 S CAUTIVOS FOTOG. CEDIDA POR NUESTRO COLEGA EL IMPARCIALÍ