Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Y levantando la voz gritaba, encarándose con un grupo de los que se forman en las Ramblas á cualquier incidente: -1 Aquí está el fenómenol ¡Una cotorra que no calla y canta Els segadors. ¿No hay un Robert que la adquiera? Y el animalito, como si comprendiese, entonaba el himno en medio de risotadas y aplausos ahogados en aquel mar inquieto de gentes de todos los países que van dé prisa, gesticulan, gritan entre el rodar de coches y multitud de tranvías eléctricos. Pero todo esto es después, después Cuando Pepa, una morena de grandes ojos negros, tiene ya colocados en el puesto número 16 sus tulipanes, la flor que viene, y los crisantemos, la flor que decae Y cuando Magina, la florista risueña y esbelta, ha colgado las rosas de lujuriante colorido. Y cuando Ag neta, la simpática viejecita, se ha sentado en su trono de frescos macizos. Ag neta es una institución. Toda Barcelona la conoce: todas sus compañeras la respetan. En día de motín, ella sería el caudillo; en días de paz, de sus labios, ya lacios, afluye el siempre oportuno consejo. Cincuenta años lleva sentándose a l a s cinco de la mañana en el puesto numero 4. Ahl Ella no sabe vivir más que allí entre sus flores. Rodeada de sus elegantes nardos de hojas carnosas, blancas, suavísimas; de sus claveles chulapos y fanfarrones; de sus rosas dulces como Ofelia; de su retama áurea de olor á gloria de sus campanillas sutiles; de su flor de té espléndida, nacarada, robusta, en una germinación atropellada y caliente; de todo aquel fondo colorista que endulza su gesto nostálgico cuando nos decía: ¡Ah, senyoref! ¡Aixó- ha cambiat molt. Lo negoci va mal. Quina diferencia quan fá 30 anys jo treya 1.000 pessetas al día d aquestpuesto! Y allí sigue la viejecita, recordando á aquella Brá de La razafuíura, que raras veces movíase de sus jardines. Pero todo esto es después, después... cuando el frú- frú de la seda roza la calle y las catalanas exhiben el busto escultural en pleno día. Ahora todo eso está lejos. La tasca quedó atrancada; el arco voltaico, parpadeante en el ruido de alas metálicas. Las Ramblas están vacías, obscuras, con su aspecto de salón enorme, su silencio de iglesia, su recogimiento de sueño. Barcelona duerme. La noche da su último bostezo. Una ráfaga de misterio invade el túnel de verdura. En la noche que acaba parece resurgir la Hiera de Cogodell, siluetas de Agustinos descalzos en Santa Ménica, de Capuchinos rúas acá, San José en los Estudios, la Universidad en Canaletas, el perfil de Feliú de la Peña, la vieja cárcel, tantas cosas atropelladas por el tiempo, y las hileras de árboles dibújanse toscas, como un ejército de alineados cíclopes. La fantasía, espoleada por los desmayos de algún foco eléctrico envuelto en follaje, figúrase los seculares troncos de grandes ramas brazos colgantes, rodillas desarticuladas, caderas angulosas en escorzos inverosímiles. Las ramas cruzando de ua lado á otro en el estiramiento de brutales caricias, mientras se entrelazan las raíces prolíficas cubiertas por el agua muerta, que semeja el lustroso pavimento, y Frigia sopla la flauta estridente Pero se esclarece el negro y disípase la visión. Comienza la sinfonía gris Es un nacimiento, de aurora que atopacia vagamente el cielo y sube las Ramblas arrastrándose por el asfalto, calle arriba, so el abrazo de las ramas palpitantes aún de su noche de amor. Tórnase violado el gris. Dibújase en el horizonte una tenue lista dorada que va acentuando el tono y derramándolo sobre las frondosas copas de los árboles. Es una hermosa orgía de tonalidades verdes: una escala cromática del color ilustre de los egipcios. Entre aquella hojarasca se percibe el verde tristón de la tierra, el verde ceniza del olivo, el verde inglés de r los cañamares nacientes; el verde zinc de los álamos, el verde bermellón de la sierra lejana, el verde gay de las mieses, el verde negruzco del follaje, que tiene gama en el mineral, avivándose en el esmeralda, apagándose en el verde laca y llameando en sangrientos tonos del carrizo. Es todo el color verde en sus opalizaciones ideales, en su polícroma cristalización de paisaje inmóvil, en sus esmaltes varios de una misma raíz, que nos hace pensar en el rayo verde que buscan los viajeros al Oriente como uno de los fenómenos ópticos más admirables, producido por el sol y el mar al ocultarse, como dos amantes, en el seno de la noche. Entretanto, arriba, parece como si se desatasen cabelleras azuladas, irisadas, lechosas, recogidas en suaves desmayos sobre argentada atmósfera, despertando la entraña universal en una sensación genésica, fecunda. El sol, recostado en el mar, abre su ojo de fuego. El mar latino canta su himno al sol. La oración de los hombres de buena voluntad comienza á elevar columnas de humo á las alturas. El cuadro del amanecer sñ borra... DAEÍO PÉREZ UIBUJOS DE MÉVDBZ BRINGA