Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
EGRESÓ á M a d r i d desde África cierto explorador; con él vino u n caníbal terrible que aquél se logró traer; y o lo supe, soy curioso, quise verlo, le busqué, y el antropófago y y o tuvimos u n a interviw que tras de varios arreglos en el lenguaje soez que él usara, m e permito trasladar á este papel. R Pero, hombre! -l e dije- ¿córño p u e d e n ustedes comer la carne de un semejante sin echar hasta la hiél? -Señor- -contestó el canibal, -mucho peor es lo que la gente civilizada tiene costumbre de hacer. ¿No comen ustedes carne de puerco, aun sabiendo que es el bicho m á s indecente y feo que p u e d e haber? Pues mejor que las gallinas que pican en lo que ven. DIBUJO DE XAUDARÓ y mejor que el cerdo inmundo, ¿no nos h a de parecer la carne de una m u c h a c h a de limpia y rosada tez, ó la de u n beneficiado robusto, ó la de u n bebé? Si nosotros nos comemos un misionero en bistek, ó u n turista en pepitoria ó el corazón de u n inglés (suponiendo que lo tenga, que es b a s t a n t e suponer) ya s a b e m o s que al hacerlo con franca desfachatez, comemos á u n ser h u m a n o que igual á nosotros es. Pero u s t e d e s no hacen eso, porque suelen proceder engañándose á sí mismos en la comida. Yo sé que entre u s t e d e s hay no pocos individuos que al comer algo de cerdo, u n besugo, ó el solomillo de u n buey, se comen á u n semejante sin pensarlo sin querer y resultan verdaderos antropófagos... Si h a y pez que se come á su familia pasada por la sartén I Además, tengo entendido que muchos hombres. al ver pasar junto á sí u n a hermosa, la suelen decir: jOlé! Vaya unas carnes saladas! I Vaya una h u r í de chipén! Tesús, qué mujer tan rica! Me la comería á usted! ¿Y qué es esto? ü n desahogo de antropófago enragé. Mas decirlo y n o comérmela es querer y no poder, es amagar y n o dar, es qufidarse en el dintel... y en los h o m b r e s que son honibref eso tampoco está bien. Con que á ver si, por lo dicho, no somos desde los pies á la cabeza más francos que los que gastan chaquet y se baten y se afeitan y se achispan con Jerez. ¿Qué dice usté á eso? -Yo, nada: ique m e h a convencido usted! J U A N P É R E Z ZUÑIGA