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Las regatas han sido pretexto para que dos ó tres días, la hermosa Concha haya ofrecido distracción á la gente veraneante, que es lo que se trataba dé demostrar. Más animada, y si se, quiere más en carácter con el veraneo, que es para muchos sinónimo de diversión, ha sido la jira náutica al valle de Loyola, organizada por el Ayuntamiento, con el concurso del joven, siempre alegre y á todas horas opulento Club Cantábrico. Desde 1887 en que se celebró una fiesta igual én honor á la Reina, no había vuelto á encenderse Un farolill 0 veneciano en las orillas del ürumea. Es el Urumea el Manzanares de San Sebastián. Puede que calumnie a! río de la villa y corte. Si él es pobre de caudal, el de ía ciudad donostiarra es pobre más que de solemnidad; pero el Man zanares es modesto siempre y no luce más que lo que tiene, y el Urumea, en cambio, se viste dos veces al día de gran río, gracias al préstamo sin interés que le hace el mar en sus ñu jos. Aprovechando la marea, el viaje es delicioso hasta Loyola. Tres kilómetros de navegación como por un lago entre vertientes de aterciopeladas montaSas, que se elevan en anfiteatro hasta oasi tocar el cielo. El viaje se rinde en un valle, al que llamaría risueño si no fuese sobadísima la frase que llama risueños á todos los valles. En ese valle, todo lo ideal que ustedes puedan figurarse, sentaron sus reales el Ayuntamiento y el Club Cantábrico frente á frentOj separados por un río de agua y otro de champagne. L L E G A D A DE S S M M AL B A R C O- E S C U E L A D E G U A R D I A S M A R I N A S A L E X Í A N E S Y al valle fueron centenares ANCLADO EN EL P U E R T O D E P A S A J E S lio embarcaciones que el capri i, cho engalanó, y éntrelas cuales, durante la travesía, entablóse graneado fuego de flores, de dulces y de serpentinas; v del valle volvieron ya entrada la noche, primero sámente iluminadas, con riquísima carga de mujeres hermosas; de músicas que resonaban y repercutían en las oquedades de los montes; de orfeones que entonaban los melancólicos cantos vascongados; de inagotables depósitos de pólvora que se quemaba en el espacio, simulando lluvia de oro, única lluvia digna de caer en aquel cuadro fascinador encerrado en un marco gigantesco de moiitafias que ardían en hogueras, y de márgenes á las que millares y millares de luces de todos colores daban aparieneias de complicada pero artística labor de deslumbradora pedrería. Ha sido esta fiesta el éxito más completo y más legítimo del verano donostiarra. m -t S S MM. S O B R E CUBIERTA DEL S T E I N