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tín de Himeneo. Y allá en los días de otóiSo- cuando comienza á soplar el vientecillo sutil y traidor que, hoy cinco, mañana diez, se lleva, con las últimas hojas de los árboles, loé últimos tísicos del año, y vuelven ya las bellas del Kéfiro ó de la Castellana, decididas á suprimir el coche abierto, bus. Una- TtmWJm S- EH cando a n h e Jantes la conversación rumorosa, plácida, íntima, de algún amigo grato, en el rinconcito tentador de un salón confortable y TRILLANDO con la sabrosa t a z a de humeante té en la mano, reanuda el hombre la lucha en medio de) a estepa. Lluvia fecundante de dorado fruto cae sobre ella, arrojada aquí y allá por la mano del trabajador, que con férreas caricias la hiere, la pulveriza, la desfonda. Y queda el germen oculto en sus éútrafías, cosquilleando en ellas 6 bn prurito de vivir y de multiplicarse, abandonado á la fuerza impetuosa de la Naturaleza pródiga, que primero le estrujará, le apretará, le ahogará casi, al contacto helado de las nieves invernales, para precipitarle luego hacia fuera, espléndido de lozanía y de frescura, al desperezo mágico de la tierra, esponjada por las lluvias de la primavera, acariciada por el sol de Abril, en un derroche de luz, de colores y de alegría. Excepcionalmente, entonces se adorna y casi se oculta el gris terroso de la empobrecida llanura, cubierta y engalanada con los ma tices múltiples de un verde encantador; y sobre el imperturbable páramo oye el siervo, acongojado tantos meses con la contempla cióndel cielo, del que todo lo teme y lo ha de esperar todo como mal transfornrido musulmán, rumores de vida, signos de esperanza, el blando columpiarse de las espigas, rendidas á su peso, y el canto de las aves, que revolotean entre ellas, entonando un himno á la cosecha próxima. ¡Abl Pero cuántos trabajos, cuántas fatigas hasta llegar ahí. Antes ha tenido que pasa, rse el invierno, el invierno de los campos, el in. vierno de los pobresj el in; vierno de los humildes, que a Denas sg concibe desde un palco del Eealy: en na temperatura tibia, alumbrado por millares de luces eléctricas, rodeado de niujeres hermosas, con hombroB y seno desnudos, que hablan y sonríen, y alegrado el espíritu por el eco de soberanas armonÍ (S; ó desde un cómodo escaño del Congreso, bañ: ad, o por la húmeda evaporación de los caloríferos, contemplando á las amigas que bullen en las tribunas y oyendo la consoladora palajjta de alguno de nuestros estadistas que elpcuentemente, entre el aplauso de los amigos y de Jos tertulios, condena por cursi: el- pesimismo- de aquellos espíritus estrechos quenos d. eclíiran pobres, ignorantes, alejados de Europa, sin fijarse en las estadísticas dé recaudación... a rt