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L A S DOS Á G U I L A S Rozando las nubes, tendidas las alas, tranquila é inmóvil ciriiíase el águila. Con su! í ojos brillantes y fieros que el espacio infinito abarcaban, veía extenderse allá abajo las negras montañas, los valles profundos, las verdes llanadas por donde corrían desatados los hilos de plata de ríos y arroyos entre cercas de juncias y cañas. En montes y valles las viviendas terrestres miraba, los estrechos y obscuros cubiles de las fieras bravas, y los pueblos, guaridas del hombre, ni mucho mejores, ni mucho más altas. A los montes las fieras bní in del hombre hostigadas, y en los pueblos a n d a b a n los hombres, con mísei a saña, sin descanso ni tregua acechándose y dándose caza, ó agarrados al agrio terruño y la frente hacia el suelo inclinada, con la triste y fatal impotencia del ser incompleto que no tiene alas; y al ver esto, las suyas eiiojniea con orgullo y desprecio estiraba el ave altanera, de las nubes obscuras colg; ida. P I! I t I I I la vi i, a j i c i a uujo, entreviendo en el suelo una presa, las alas plegando, las garras abiertas y el cuello tendido, abatió todo el cuerpo pesado con la fuerza brutal de u n pedrusoo desde el éter lanzado al espacio; y al llegar al suelo miró con espanto que la presa era otra águila muerta, f. odrida é hirviente de sucios gusanos, rugosos y secos los ojos brillantes, al cielo la curva del pico acerado, heladas y tiesas las garras terribles, el plumaje cubierto de fango, y las alas torcidas y rotas h u n d i e n d o sus púas, del ave en los flancos... El águila viva al águila muerta, medrosa, mirando, siente el frío y el miedo apretarle y en su entraña quedarse clavados. De su vana altivez es aquello el terrible y cruel desengaño. ¿De qué sirve con alas robustas lanzarse al espacio, y de las m o n t a ñ a s franquear los grandiosos pináculos, y tocar las n u b e s y rozar los astros, si al cabo con alas, igual que sin ellas, al suelo derrúmbase el cuerpo cansado, sirviendo á otros seres y á la tierra, madrastra, de pasto? Helada de miedo, el águila viva se eleva despacio, y con triste estridente graznido por los aires se aleja volando. F NAVARRO Y LEDESMA DIBUJO DE KEGIDOB