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hay de dos y tres años y las hay que necesitan pasar el día en la cuna mientras las madres cortan el hielo en el río ó aguantan el calor de Julio y Agosto. Dirige el Asilo sor Bita, una hermana tan inteligente y tan trabajadora como todas las que en Madrid están al frente de institutos ó establecimientos benéficos. Sor Francisca, admirable mujer, en el Hospital General; sor Josefita, en la Cárcel de Mujeres de Madrid; sor Fernanda, en los Asilos de Santa Cristina; sor Clara, en el presidio de Alcalá; todas ellas grandes administradoras, trabajadoras infatigables En estos tiempos de agitación y de guerra religiosa, hay quedar á cada uno lo suyo, y yo me complazco en reconocer las grandes cualidades de las hermanas citadas. Sor Eita gobierna su Asilo con la ayuda de cuatro hermanas, y no se dan punto de reposo. A las ocho entran los niños: hay que cambiarles de vestido, darles de almorzar, enseñarles á los mayorcitos las primeras nociones de enseñanza, ocuparse de los chiquitines, que dan muchísimo que hacer, limpiarles y relimpiarles cada vez que lo piden, jugar con ellos á las horas de recreo, COMEDOR atender á los que pasan la mañana en sus camitas. La ocupación de las hermanas es constante, su trabajo ímprobo, y el establecimiento está siempre tan cuidado, que á cualquier hora I puede visitarse, en la seguridad de encontrarle limpio como los chorros del oro. La capilla es preciosa; la sala de juguetes, encantadora. La ropería, í atendida mejor que en el hotel de más lujo. La Eeina se ocupa mucho de esta casa, y se nota en seguida al recorrer las salas su mano protectora. Durante el invierno, el Asilo da todos los días á los pobres que acuden á él un socorro en especie, ó sea un puchero con su buen cocido, del mismo que los niños comen; y ha habido día en que sor Bita y las hermanas que de ella dependen dieron el invierno pasado quinientos pucheritos á los desgraciados. En el A s i l o hay siempre una cama preparada, y junto á ella un DORMITOKIO botiquín, para cualquier transeúnte á quien le ocurra algún accidente al pasar por allí. Esto lo ignora mucha gente, y bueno es que se sepa. En resumen: el Asilo de las lavanderas, gracias á la regia protección y á la buena dirección, es sin duda alguna el más interesante de Madrid, porque no hay nada que interese más que la suerte de los niños pobres, y allí están tan bien cuidados ó mejor que en sus casas. A dos Reinas deben los hijos de las lavanderas los tranquilos inviernos que allí pasan, y las dos de origen extranjero. Mientras haya madrileñas lavando en el Manzanares, tendrán que bendecir los nombres de María Victoria de Saboya y Cristina de Hapsburgo. La hermana Rita es el constante gobierno de aquella masa de niños que cantan á coro la Salve y juegan al corro con sus buenas amigas las de las blancas tocas... EüSEBio BLASCO FOT. DE MUÑOZ DE BAENA LA HORA DEL RECREO