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j V ANTOS artículos, t a n t a s inforiiaciones, tanB l p B t a s fotografías como se h a n hecho de todos loa centros, institutos, hospitales, conventos, asilos... y nadie se acuerda d e aquel asilo verdaderamente encantador, d e aquel chalet que h a y entre la Estación del Norte y la Casa de Campo! El Asilo de niños d e lavanderas que fundó doña María Victoria, y que la Reina Regente cuida y protege con preferencia cariñosa y constante, es el m á s chico, el m á s modesto, el m á s íntimo; ¡pero qué interesante y qué primoroso! Conozco y visito con asiduidad cárceles, colegios, hospitales, asilos de todas clases; pero declaro que el que m á s m e a t r a e es éste de los niños, cuyas madres p a s a n todo el año trabajando y sufriendo los rigores del frío y del calor, pero dichosas con saber que ellos, los chiquitines, están allí mejor cuidados que en sus casas, amorosamente atendidos por aquellas hermanas que al m á s a n t i c l e r i c a l deben inspirar simpatías. De todos losservicios que prest a n las hijas de la C a r i d a d el m á s penoso y duro es éste de cuidar niños. Si se las consultara, ó si pudieran elegir, d i r í a n q u e prefieren ir á los hospitales, á las c á r c e l e s á los campamentos, á todas partes menos á las escuelas y á las inclusas. El niño da mil veces m á s que hacer que el enfermo, el herido ó el preso. Se necesita mucha caridad para estar const a n t e m e n t e limpiando y limpiando lo que e n las fotografías que ilustran este artículo resulta m u y bonito y m u y gracioso, pero que en la realidad no h a y estómago que lo resista. La responsabilidad de las herm a n a s que cuidan niños es grande y constante: cualquier cosa que les suceda, u n a caída, u n a mala digestión, u n a lloradera que toman sin saber por qué, las madres de los chiquitines dirán que l a s h e r m a n a s tienen la culpa. Sin embargo, sólo ellas sirven para este servicio durísimo de la infancia. H u b o u n tiempo en que tuvieron criadas p a r a ayudarles en el servicio del Asilo, y se vieron obligadas á despedirlas porque maltrataban á los chiquitines, se resistían á hacer la constante limpieza que su cuidado exige, no tenían Ja paciencia y la dulzura que con indispensables para vivir en contacto c o n t i n u o c o n cuatrocient o s n i ñ o s chiquitos. ¡Cuatrocientos niños! L a s madres de f a m i l i a lectoras de este periódico que t e n g a n que bregar con tres ó cuatro hijos menores d e e d a d podrán apreciar lo que es estar desde las ocho de la m a ñ a n a hasta las seis de la tarde o c u p á n d o s e de cuatrocientas criaturas, tan criaturas que l a s nEsi -vcno DE LA DIRECTORA