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L inventor de esta frase, ó yo n o estoy en lo cierto, ó ha sido Paco Silvel? (y observa que le tuteo, porque Blasco y yo tratamos á todos sin cumplimientos) Ha sido Paco Silvela no cabe duda; me acuerdo de que al abrirse unas Cortes la puso en los labios regios, como queriendo decir que, aunque era grande el deseo de regenerar á España por parte de su Gobierno, hacíase indispensable dejarlo todo en suspenso al llegar las imperiosas (no olvidaré el epíteto) vacaciones del estío, que preceden al invierno. Las vacaciones llegaron, que todo llega, en efecto, y las entornadas puertas del nacional Parlamento con risueñas esperanzas á la discusión se abrieron, y, claro, á las imperiosas vacaciones se dio término. ¡Pero hay otras vacaciones con el carácter de imperio que labran nuestra desdicha, y mil estragos haciendo matan, á la vez, crueles, el espíritu y el cuerpol Pasa la vida el cesante en vacaciones de sueldo; el amante desdeñado por su adorado tormento, ve transcurrir la existencia en vacaciones de siieñó, porque no pega los ojos d a n d o suspiros al viento. El tímido diputado que al hablar le tiene miedo, vive callado en perpetuas DIBUJO DE XAUDARÓ E 1 vacaciones de silencio. El político caído llora su mal sin consuelo, porque se halla en vacacionef de influencias y de empleos. La joven que siendo fea carece además de ingenio, y no encuentra quien la diga: por tus pedazos me muero esa sí que en imperiosas vacaciones pasa el tiempo. El cómico sin contrata, el abogado sin pleitos, el labrador arruinado por pedriscos y aguaceros, la tiple de voz escasa, el médico sin enfermos, el bajo profundo afónico en verano y en invierno, el empresario que nunca su teatro ha visto lleno, y muchos más que no cito por no parecer molesto, están siempre en vacaciones, las más horribles por cierto, porque son las imperiosas vacaciones de dinero. Y yo mismo, autor dramático, sin aplausos y sin éxitos, estoy condenado á plenas vacaciones de talento. Por lo cual dije al principio, y al terminar lo sostengo, que á m á s de las vacaciones de que habló Silvela un tiempo, poniendo la frase en labios dignos de todo respeto, somos víctimas de otras que, mil estragos haciendo, matan, á la vez, crueles, el espíritu y el cuerpo. TOMÁS LUCENO