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i J mo tenues gasas las nubocilias y la niebla en jirones; valles risueños, cascadas todo cuanto puede inventar la imaginación más creadora. Te aseguro que si en mi vida no hubiera hecho versos, ahora los escribiría. Me lo pide el alma. ESTATUA Hoy, á la vista del Cantábrico, que contemplo extasiada desde mi habitación, sentí en el cerebro algo que nunca había experimentado, un calor germinal, y empecé un canto que te enviaré cuando esté concluido. Lo escribo en verso libre, para que nada me sujete. La inspiración libre en la cabeza libre. He recorrido la población; es muy alegre hasta en los días grises, que abundan aquí para consuelo de la vista, fatigada por los rayos solares. Forman los barrios nuevos, ya muy extensos y populosos, edificios de exquisito gusto arquitectónico y algunos de aspecto monumental, como el teatro Dindurra, donde funciona excelente compafíía de zarzuela grande. Aquí no son aficionados al género chico: lo pequeño armoniza mal con la grandeza de estas playas y de estos montes. La estatua de D. Melchor Gaspar de Jovellanos, hijo de esta villa, se hiergue en medio de un jardincillo, y la de D. Pelayo, el re conquistador de la patria, levántase altiva en una plaza junto al muelle, cerca del palacio de Revillagigedo, ante cuyos torreones almenados, en noche de luna, se sienten deseos de pedir un laúd y entonar una serenata. Es un sitio adecuado para cantar al aire libre el miserere de JSl Trovador. Detrás de aquel edificio, único en la población que tiene carácter de relativa antigüedad, se extiende sobre la falda de alto cerro lo que llaman Cimadevüla, el barrio de los pescadores. ¡Ohl ¡cuánta poesía en aquellas callejuelas tortuosas, casi inmundas, pero pintorescas y típicasl Oasuchas bajas en cuyos balcones, con barandilla de tosca madera, cuelgan húmedas redes; tapias coronadas por heléchos, ortigas y jaramagos, rincones dignos del pincel de un Sorolla. En lo alto del cerro, que se llama de Santa Catalina, estaba antes el faro, la guía de los navegantes, asentado sobre una pradera siempre verde y florida, dominando inmensidad de mar. El faro ya no existe; de la pradera apenas queda espacio reducido Era, según me dicen, un lugar de incomparable belleza; acaso el más hermoso de toda la costa; pero ¡ayl las necesidades de la defensa nacional, según opinión de los técnicos malditos sean! hizo derribar la torre luminosa, y en el sitio que ocupaba se hacen, lentamente, eso sí, como si el peligro fuese remoto, fortificaciones militares que han dado al traste con la poesía, y que tal vez no lleguen á servir para nada. Por si acaso, los gijoneses deben pedir á Dios que les libre de un ataque por mar, para el cual serían los proyectados fuertes un segurísimo blanco de tiro, sobre todo si el enemigo se apo deraba de los dos cabos que avanzan á ambos lados del cerro, y que, por razones que no concibe mi pobre inteligencia, ignara en estas cosas, han dejado sin defensa alguna. El puerto, que está siempre lleno de grandes vapores mercantes y de barcos de pesca, es ya insuficiente, y construyese otro llamado del Musel, quo será en breve plazo uno de los mejores, si no el mejor de España. DE DON La playa, en cuyas arenas finísimas extienden las olas sus encajes de espuma, limpia de rocas y pedruscos, tiene más de dos kilómetros de longitud, y por límite montes sembrados de copudos árboles y casitas de campo. Al pie corre y desemboca en el mar PELAYO el humilde Piles, río modesto que huye de la tierra como buscando amparo y refugio en los brazos del Cantábrico poderoso. Cuatro balnearios, amplios y sólidos, con casetas transportables, ofrecen al bañista todas las comodidades apetecibles, y en sus inmediaciones, por las tardes, se reúne un enjambre de niños, hormiguero de hermosas criaturas, que juegan sobre la arena de oro, aspirando los efluvios salutíferos de las olas. Para recorrer la población, cuyo perímetro es grande, ó visitar las aldeas vecinas, escondidas entre bosques de castaños y robles seculares, hay muchos carruajes de punto y cómodos tranvías, y ripers en incesante movimiento. Los principales paseos son el de Begoña, parque pequeño, pero muy lindo, y el Boulevard, sitio céntrico de la villa, donde por las noches, en cuanto Febo se acuesta sobre nubes arreboladas, lucen su hermosura y su elegancia las gijonesas paseando arriba y abajo, como nosotras por la calle de Alcalá ó la Carrera de San Jerónimo durante la estación de las escarchas. Los templos más importantes son el de San Pedro, situado en el Campo Valdós, otro paseo muy característico, con los sagrados signos del Vía- crucis sobre un paredón, contra el cual se estrellan las olas rugientes; la iglesia de San José, recién edificada, y la de San I orenzo, suntuoso templo que se abrirá al culto dentro de pocos días. Además del ya citado coliseo Dindurra, que es magnífico, hay otros dos: el antiguo de Jovellanos, reproducción en pequeño de nuestro teatro Eeal, y el de los Campos Elíseos, muy grande, pero más propio para circo que para representaciones escénicas. La industria, vida y prosperidad de este este hermoso pueblo, tiene representación brillantísima en fábricas numerosas, que sostienen millares de obreros. Además de la de tabacos, hay dos de vidrios, donde ves en estado ígneo el cristal luego transparente; dos de harinas, dos de tejidos, una de loza, dos de cerámica, dos de hierro y acero, cuyos hornos enrojecen por noche el espacio como fulgorosos volcanes; una de cerveza, amarguísimo producto, y, para compensarlo con sus dulzuras, otra de azúcar de remolacha; dos de alcoholes, dos de aserrar maderas, una de bujías, dos de envases para azogue, dos de licores, una refinadora de petróleo, dos de ladrillos y baldosines para artísticos pavimentos, seis de fundiciones de hierro, dos de gas y electricidad, siete de conservas alimenticias y dos de productos lácteos En sus cercanías abundan las casas de recreo, quintas, chalets, hoteles y palacetes, como dice mi insigne maestra Doña Emilia Pardo Bazán. iQuién tuviera su pluma de oro para pintarte las cercanas aldeas, tan parecidas á las que ella describe maravillosamente! Somió, Cabueñes y Ceares Praderíos de color de esmeralda, donde el heno perfuma el ambiente; bosquecillos frondosos en que la madreselva olorosa trepa por los troncos de los álamos y los abedules; setos de zarzamoivvI TEATRO DINDURRA