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ERANO! ¡Estación bendita! En ella triunfa el labriego, la tierra despide fuego (porque no le necesita) el campo nauestra infinitos encantos maravillosos, y en los árboles frondosos anidan los pajaritos que, alegres y vivarachos, ostentan su parda ropa cantando entre copa y copa lo mismo que los borrachos. iQué emoción, caros lectores, la que el espíritu siente ante el concierto excelente de mirlos y ruiseñores, en vez de oir, siempre igual, el desconcierto casero de Sagasta, de Romero, de Gamazo y de Pidall iQué ricamente reposa quien cuando el sol más molesta se tumba á dormir la siesta bajo una acacia frondosa, y sin penas ni trabajos ronca sobre las espigas entre chicharras, hormigas, mosquitos y escarabajos, y envuelto en sencilla ropa va al redil por la mañana y bebe de oveja sana leche pura en limpia copa, en vez de estar en la corte gastando en ella un sentido, y tras de haberla bebido (venga del Sur ó del líorte) pasa malísimo rato con dolor hasta en el tórax, por tener la leche bórax, cloruro y bicarbonatol ¡Quién gozara eternamente la paz del florido suelo, donde es el manso arroyuelo quien murmura solamente! ¡Quién estuviese en la aldea y no en la ciudad impura, donde cualquiera murmura por poco arroyo que sea! V jOaántas veces pienso, cuántas, ver en el campo un labriego que canta el himno de Riego (el mejor para las plantas) y tiene su diversión en los pollos, los conejos, las palomas, los vencejos y los guarros I (con perdón) ¡Y cuánto á mi mente viene (contemplando la estrechura de mi casa) aquella altura de techo que el campo tiene! ¡Cuánto recuerdo la alfombra verde y el rico frutal, aquí donde sólo hay a cornoques de mala sombra! ¡Lástima que en pleno estío y en el campo, entre las flores, se pasen unos sudores de padre y muy señor mío, y se combinen cruelmente la insolación irritante y el cólico espeluznante con el picor permanente! En cambio, con el calor hay en el campo una cosa que resulta ventajosa sin duda alguna: el amor. Si hay novia, en la capital tenemos todos los días que comprarle chucherías que cuestan un dineral, y en el valle ó en la sierra resulta que hemos cumplido regalando al ser querido lo que sale de la tierra. En el campo no halla escollos el que está muerto de amores. ¿Que hay ñores? regala flores. ¿Que hay repollos? pues repollos. Esto es barato en verdad; y cómodo no se diga. ¡Oh campo! ¡Dios te bendiga por toda una eternidad! JUAN PÉREZ ZÚÑIGA DIBUJO DB X A U D A R Ó