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-Ese señor gordo que ha comprado la finca de los Alamos en nuestra ausencia, y su hijo, que parece una cafia de azúcar seca. Ya han tirado de la campanilla del jardín. Empieza el besamanos. ¡Qué loca eres! Salgamos á su encuentro, Pedro. En el campo se acortan las distancias, y puesto que ya nos saludamos al encontrarnos por los caminos... -Pasen ustedes al comedor. Entre buenos vecinos, los cumplidos huelgau. -Señora, señor don Pedro, señorita- ¡Parece que nos está pasando lista! -Crean ustedes que ante las noticias que de ustedes tenía, ansiatoa que llegara este mQni ento. La illa Mari es mirada con veneración en toda la comarca. y- -Favor que nos hacen los campesinos. ¿Y usted ha fijado aquí. su residencia deSiiiliyamente? -Por ahora nada más. Mi hijo piensa estudiar para marino. ¡Laura! ¡Pues no iba á soltar la risa! Tráete el coñac y el curasao. Los señores tomarán una co. pita. ¡Marino este alfeñique! Voy, abuelo. 1 ¿Conque mañana parte usted para incorporarse á la Escuela Naval? -Mañana. -Y marchándose usted, ¿con quién voy á reñir yo en lo sucesivo? -Esto me- pregunto yo: ¿á quién llevo la contra? -Porque nó- podemos ser más opuestos. ¡Imposible! -Yo soy lócuazj alegre, expansiva, amiga del buUifeio; me gusta reventar un caballo ala carrera, ver caer bajo el fuego de mi escopeta un bando entero de perdices. -Yo soy callado, taciturno, reservado, enemigo del ruido; adoro. el mar, porque significa la soledad, y no me agradan ni la caza ni la equitación. ¿Lleva usted la cuenta de las veces que hemos regañado? -Todas las tardes en las eras durante el estío, y en las viñas durante el otoño. -Tiene usted buena memoria. -Mejor que la de usted. ¡Caballero! ¡Señorita! ¿Pero por ser el último día de paseo por el campo nos vamos á pasar sin ponernos de vuelta y media? -jYa ve usted que nol- ¡Jamás creí que llegara á hablarme nadie con ese descaro! Que. lleve usted buen viaje, ¡Gracias! ¡Si supieran que les hemos estado oyendo detrás de esta cambronera, Pedro! ¡Y lo que hemos oído! ¡Es una fiera, Mari- Josefa! Asunto perdido. V- ¿Se va usted ya, Luis? ¡Qué pronto! -Llevo más de dos horas en la quinta con ustedes. Justo es que dedique una siquiera á mi padre. El viaje que voy á emprender ahora es peligroso: es mi vuelta al mundo como guardia marina. ¡Qué de prisa se han ido los años! -Ya lo creo. ¡Conque doña Mari! ¡Laura! Ahora somos ya dos muchachos formales, dos buenos amigos que han cesado de regañar. Esta es mi mano. ¡Don Pedro! Hasta la vuelta todos. ¡Adiós! ¡Como me llamo Mari, que siento la partida de este joven! i NDRW- -Es muy simpático y juicioso. -Laura, quítate del balcón. Xa caída de la tarde es muy tercianeraen estasllanurás. Pero ¿qué tepasa? ¿Ttí pones mala? ¡Tienes los ojosllenos de lágrimas! ¿Qué? ¿lloras? ¡Hora! Os dejo solas; la dejo contigo, Mari. Une tu corazón al suyo para que acabe de nacer. Yo estorbo con mi presencia esa ternura tardía que brota. ¡Está salvada! ¡Llora! ¡luego ama! DnSUJOS DE ANDRAUE ALFONSO PÉREZ NIEVA