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muy posible que no paguemos tan caro como los parisienses, ó sea á razón de media docena de ecrassés diarios, el honor de tener automóviles. ¡Diantrel- exclamará el lector. ¿Qué dice este muchacho? Si España es el país donde se registra el mayor número de atropellos, á pesar de nuestra sangre torera y de todas esas cosas! Poco á poco, lector querido; no hay que confundir los atropéHos que cpmeten las bestias con otros atropellos, porque en España son más comedidos los animales que muchas personas. Hasta ahora hay pocos automóviles: una docena mal contada; pero que se les ve por todas partes, dejando tras de sí larga estela de curiosos con la boca abierta envueltos en perfumes de petróleo. El teff, teff, teffde sus motores es el débil reflejo del gigantesco teff, teff que denuncia los vigorosos latidos del corazón del, mundo, ¡de Parfel. y el ruido. de sus bocinas el eco lejano de aqnel gran rugido con. (ine la capital de Francia impone á la hurñanidad el dominio del progreso. 1 Son los heraldos de la victoriosa falange dé moñoeiclós, triciclos y demás ciclos y carruajes automóviles que dentro, de poco se nos éntrátá por las puertas de la villa y corte á todo correr, y es preciso que nos vayamos acostumbrando á sortear á estos nuevos huéspedes qae han saltado al -Meáo del progreso con tantos pies Tenemos que aprender á medirles los terrenos y á cambiárselos en la propia bocina, para evitar una cogidayqne con un bicho de tal empuje y tales alientos sería siempre mortal. Tenemos que evitar que todos los días haya hule como en la Morgue; que alfiny al cabo, somos más toreros- -algo teníamos que ser- -que los franceses. Ensayemos, pues, á torear los automóviles como los novilleros inalos ensayan á torear las reses; colgando del clavo de la lámpara una silla sujeta horizontalmente con una cuerda, de modo que las patas queden á la altura de nuestro estómago, y dándola péndulo. En el vaivén se la deja llegar, y en el momento de metemos las patas por la boca del estómago, se. la quiebra. El que haga esto con serenidad y maestría, ya puede exclamar conmigo: VENGAN AÜTOMÓVILESl Teff, teff, teff. íQae csLUBají áesgraciaa í Teff, teff, teff. ¿Qué son la media docena de víctimas que involuntariamente ocasiona el progreso, comparadas con las infinitas que do propio intento produce la reacción, ese automóvil que anda hacia atrás? EL SASTRE DEL CAMPILLO D I B U J O S DE X A U D A R Ó íñ