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nPM y la tartera y la manta, que sale el tren á las cinco, y ya son las cuatro dadas. -Pero ¿te vas de viaje? ¿N o se va la aristocracia? ¿No van en esUpinkiri á remojarse en el agua? ¿No van á que les dé el aire del mar y de las montañas? ¿Por qné no se va á dir mendn, si menda es de carne humana; y menda tié cuatro cuartos pa derrocharlos con gracia? Ni yo soy menos que nadie, ni nadie á mí se me iguala en custión de darle al cuerpo lo qne al cuerpo le hace falta. ¿Voy á estar toda mi vida poniendo clavos y tapas, y enderezando tacones, que, quizás, luego no pagan? ¿Voy á pasar mi existencia metido en esta barraca, que uno se hiela en invierno y uno en- verano se asa? ¿Voy á estar lin día y otro viéndotela misma cara, hermosa si estás alegre, y fea cuando te enfadas? ¿Voy á pasarme las noches á la puerta de la casa tocándosus la ocarina, y la veeindá á sus anchas baile mientras que yo silbo una tanda y otra tanda? Eso es abusar del débil, y el débil también se cansa; que el burro, con ser un burro, pone las orejas gachas cuando le agobia el cansancio y no puede con la carga; y la de los matrimonios, créeme á mí, que es pesada; con que no me pongas peros ni te duermas en las pajas, no se me caiga la mano, por casualidá, en tu cara, y te deteriore el cutis, lo cual sería una lástima, que bien ajeno me hallo ahora de meter la pata. ¿Con que te vas de viaje? ¿Oon que no hay peros que valgan? ¿Con que te vas y me dejas? Y decías que me amabas! Vamos, quita, no seas tonta, ni zalamera ni falsa; arréglame la merienda y dame pronto la manta. n P iti; i i: sMi l i a l í j i j j s uanto que llegues elegrama; scribas. -Bueno. olvide! -Vaya, sta la vuelta. lores! ¡Me matas! üidao con las ventanillas! I nte lejos de la máquina; abuses mucho del vino, e todas no son tu esclava; discutas de política de toros, que te exaltas; e no te tires del coche entras que el tren esté en niarchí a no le veo! ¡Ay, Dios mío! lé pena! -Pero ¿qué pasa? Seña Pepa de mi vida! Qué te ocurre? ¡Una desgracia! e se ha marchao mi marido eranear. -Muchacha, te apures. ¡Sí me apuro! seflá Pepa! -Caramba, me enternezcas; te vienes, jntras él falte, á mi casa. ha ido á Chili? -No, señora; l ozuelo de Aravaca. I ero ¿cuándo vuelve? -Vuelve nana por la mañana. lujer, pues no tié el viaje, mi ver, mucha importancia, lloras por eso? ¡Claro, eso derrocho lágrimas: que debiera quedarse ahí cuarenta semanas! ANTONIO CASERO