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1 J -di w BILBAO La acera del Suizo. -Transformación de (Chlmberoaj. Portugalete. -Santurce. -Las Aranas. -Algorta. El puente Vizcaya. ¡Nadie se bañe sin la cotización! O R I L L A I Z Q U I E R D A DE LA R Í A Huyamos, querido lector, huyamos lo antes que nos sea posible de la acera bilbaína del café Suizo, en la cual nos invadiría de seguro esa fiebre bursátil que hostiga á las nerviosas personalidades que pasan delante de nosotios diciendo: iComproIí ¡vendoN El vértigo de la especulación se ha apoderado de aquellos antiguos chimheros, cuya mayor alegría estribaba en llenar de mostacilla al mísero cuerpo de un chimbo de higuera, y comérselo después pata á pata, ala tras ala, remojando con un buen jarro de chacolí el menguado manjar. Ya los chimheros bilbaínos no hablan más que de millones, y al entusiasmo cinegético que les hacía recorrer de madrugada los montes que rodean á la invicta villa, más seguros de poder matar un e 6o, es decir, un aldeano, que un chimbo, ha sucedido la monomanía de las acciones que se compran y se venden con primas y primos. Huyamos del Arenal, dejándole entregado á Mercurio en sus más desagradables ma f nifestaciones, y vamonos cara al mar, bien por el ferrocarril de Portugalete, bien por el de las Arenas, bien por el tranvía eléctrico de las orillas derecha ó izquierda de la ría. Nos espera un viaje delicioso, recorriendo en él catorce kilómetros aproxii i madamente. Si vamos en el tren de Portugalete, veremos la decoración ciclópea ijVti los Altos- Hornos, con llamaradas azules y rojas que semejan bengalas de la 1 4 t 7i -Wm émig t