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uuDotja polítical Ello es que en el Sardinero se disfruta de toda clase de placeres, y sobre todo del placer no pequeño de recibir las frescas caricias del Nordeste. Por la mañana baño y conversación en la playa mientras vieneny van las olas. Por la tarde passo, excursión á los pintorescos j, alrededores de Santander 6 visita á los amigos que se dedican á la hidroterapia en los balnearios vecig, nos de la capital montañesa; por la noche, concierto y cotillón en el casino. ¿Qué más puede pedirse? Tal vez la vida del bañista en el Sardinero no sea ni tan agitada ni tan smart como la del veraneante de San Sebastián ó Biarritz; tal vez falten en la playa i, montañesa algunas exquisiteces de esas que inventa g la moda para fastidiar al género humano; pero en cam- bio, ¡qué hermosura de panorama marítimo y qué delicia de viento frescachón y tonificante! 0. I G L E S I A DEL S A R D I N E R O tV H O T E L E S U E l CAMINU L) E LA MAGDALENA El día que un cartucho ó varios cartuchos de dinamita hagan volar el cerro que separa á las dos playas, el venturoso dia en que esa antipática barrera social desaparezca, Santander podrá alardear con justicia de tener una de las playas más hermosas del mundo, y las olas del Cantábrico besarán con amorosa y magnífica curva toda la extensión del Sardinero. ¡Proclamemos la igualdad humana por lo menos al meternos entre los peces! ¡Vuélense esas rocas cubiertas de lapas y prejuicios... aunque no sea más que para que descansen los senadores de sus escapatorias desde la primera á la segunda playa! ¡Bien necesitan ese descanso los respetables hombres públicos que durante el invierno soportaron las rudas tareas parlamentarias, llegando á la hermosa costa santanderina cubiertos por el polvo de las leyes! GiKÉfe D PASAMONTE K DE L O S l OMKOS O R L A S DE B L A N C O C O H I S Y F O T H A U S E R Y M E N E L