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B a mmas a m iS S; m m m m. ms m s e a S S S S: B SI S- ÍS S S- 53 S R 3 5 S g S, S iS S S ofe -iií i t y é P I t. 13 Ij T baña del Océano formando bullones y con un sabroso pez debajo de cada ondulación. Todavía no, amigos míos, todavía no. Eso que T- K. ven ustedes es la bahía de Santander, bahía herJ mosa, pero pequeñísimo estanque si se le compara- u i. con la grandeza del CantábricoMJn baño dentro de -rs una población, baño amplio, coquetón, de encan tadoras orillas, pero baño al fin, donde remojan sus interesantes personas todos loa golfos de Santander que no se lavan en ninguna otra parte. Aquel que ven ustedes lanzarse al agua en busca de una perra grande arrojada por un turista de Medina del Campo, es el hijo de Mtdrdago, nieto del maestro Pereda como si dijéramos, robusto mocetón que gana á todos sus compañeros en eso de bucear y permanecer largo tiempo debajo del agua. Conste, pues, que en esta hermosa bahía fondean los trasatlánticos y otros ráuchos vapores y se baña el hijo de Muérdago, pero nada más. Para que los ojos, condenados á perpetuo guiño por los deslumbramientos del sol de Castilla, puedan dilatarse saciándose en la contemplación del mar, preciso es que nos encaminemos al Sardinero, bien por el tranvía de vapor que avanza haciendo eses hasta las playas como un borracho, que se dirige á buscar el botijo del agua, ó bien por el ferrocarril llamado de los Pombos, el cual al desembocar en la plazoleta del, Sardinero describe una graciosa curva lo mismo que si dijera: Gracias á- Dios que hemos llegado! La primera playa (supongamos que nuestra visita es por la mañana) está llena de gente elegante que contempla el romper de las olas desde la galería del Balneario ó desde loa frailes y confesonarios enclavados en la arena. A veces es más difícil encontrar un confesonario en la playa del Sardinero que un pecado mortal en la conciencia de cualquier bañista. Oijérase que todo él mundo quiere dejar en aquella playa la herrumbre de sus cuerpos y de sus almas. Es tan limpio el mar, que todo aquel que lo mira siente vehementísimos deseos de lim- L -t 5 i