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UQ traje rojo d e tonos de brasa que reverberaban en su palidez ebúrnea; y aunque p o r entonces mediaba Mayo, se envolvía en a m p l i a esclavina roja forrada de blancos armiños. Oreeríasela u n a gentil Dogaresa sentada á la puerta de su calado palacio. E r a en toda su ideal persona t a n t e n u e t a n iacoíp órea, que y i é n d o l a s e pensaba forzosamente en u u a tierna azucena próxima á troncharse, én ú h perfume que se exháía, en un. alma pronta á tender el vuelo hacia lo infinito. Ella misma debía sentir algo semejante, y aquella su presentida, i n m i n e n t e emancipación de la tierra, ásociábala á seres tan leves y fugitivoscbmd las palomas, qué paredeñ espíritus alados. Por eso diariamente, iba á sentarse en aquel ¿rinctóñ predilecto. -donde tenía cita con jtodas las palomas de Sao Marcos; por eso sienipre se m e aparecía su figura v i r g i n a l r o d e a d a d e alas blancas, negras, plomizas, tornasoladas, que como nerviosos abanicos vivientes se plegaban y d e s p l e g a b a n e n t o t n p á su busto rafaélico, rozándola al pasar y envolviéndola en, tumultuosos giros, revuelos y aíeteos, que. solían, arrancarle súbitos gritos ó risas infantiles que, se rompían y a p a g a b a n en su garganta, conesfüérzos de ásté: ni co organismo. La otra figura del grupo, así por el aparecido que con lá ideari? o,9 a -esa tenía, como; p o r el apasionado interés acariciador y temeroso con que la miraba, revelábase m a d r e suya, y era rüás bien, habíá: idó, en s u plen i t u d lo que hubiera llegado á ser su bija, á no herirla én capullo la muerte: una opulenta r u b i a h e r m a n a de las diosas del Tiziano. Siempre que i a m i r a b a acordábame del P á r t e n ó n iluminado por el s o l d e Grecia, pórquej en efecto, aquella mújér era la ruina- de una helénica belleza a l u m b r a d a por u n a llama abrasadora, el amor, amor de m a d r e que alegraba y enjiavenecía con fulguraciones de aurora su v e s p e r t i n a hermosura; a m o r de m a d r e tierno hasta las l á g r i m a s en s u s t u r b a d a s alegrías, generoso b á s t a l a sonrisa en sus- acallados sobresaltos. ¡Dios mío, qué cuadro, qué rmevo triunfo de la muerte b r i n d a b a á los pintores simbolistas aquel rincón históricol La madre viendo avanzar hacia la r u b i a cabecita de la Dogaresa gentil el descarnado espectro invisible para la amenazada virgen, y enmascarando con heroicas sonrisas su terror apoca; líptico. L a hija v i e n d o en las fugitivas palomas el símbolo del alma que va á levantar el vuelo, y sonriendo también á la m a d r e como si en aquel tumulto de alas no viese m á s que un alegre juego que la tornaba á sus niñeces ¿Ocurría, en efecto, aquella m u d a tragedia? Yo de m í sé decir que la veía clara, distinta, obsesionante, que acabó por invadirme á mí también como si fueran algo mío aquellas dos mujeres en cuya intimidad se entrometía mi interés, y ocasión hubo en que me a d e l a n t é hacia ellas, como si las conociera, resuelta á decirles ¿qué? sin duda una inconveniencia; por eso siempre m e reprimí á tiempo, y no llegamos á cruzar saludos ni miradas. Sin embargo, mi corazón estaba lleno de afecto por ellas; las a m a b a con el amor efusivo con que amamos á los que padecen, á los que lloran, y m á s aún á los que inueren callando. III Algunos meses después volví á Venecia. E n la m a ñ a n a del día siguiente á mi llegada, un interés vivísimo, apasionado, llevóme á buscar en el rincón favorito PI crrnpr- i o n D- irresa y su m a d r e y acaso n o mien ii r- i ili. o i iic ai; i; i l desinteresado interés fué l a causa li- nii M 14- I1, ¡i 1,1 ciudad de las lagunas. rni! i! il iii iili lie San Marcos á la hora en que -j ilia llc j. r i: i ¡esa apoyada en el brazo m a t e r n o y iii vi, r n- j. i alguna, como cosa fatalmente previ l.i, iim- II i! Mr desconsolado, vi en el sitio de ¡i iii Pi- a! i iii: ii sola, enlutada, cruelmente envejci- i l: i, ciiviifii. cii a misma n u b e de alas inquietas ji! c iu i, i iV. r- i: iroente á la gentil damita del traje rti, i- y lie l i- ...ii.i- i. is. Había tal ternura ini- tMv en iii! ii llii cil. i lie la madre, ya desposeída liijn, i- c- iriri i- J. is palomas que parecían rc i jr i- n h tu- i il reruiTil- i de la ideal a u s e n t e que r. l i- puilii rir: i- i i mi 1 lompasión que las i i- lli- iila lii iiMjiulso irresistible, avancé Kii i.i i.i ni; i Mv. Cc- viM ya di- ella, m e detuve; poro mi ai- tituil y mi CIMI li iii i iii i- ia harto elocuentes para un- -rr 1- ri Uiüdi H. r ailüella inconsolable: ¡Ahj I J- conosceva, lo so, lo sol 6 sordamente; y seflalanil a las palomas, añadió con i ahogada en dolor: ¡Oggi ii i siamo. sole intorno aff. suo íiii- do! ÍS: -o i cien veces vuelvo á Venecia. sé qué otras t a n t a s se m e a i: irecerá en el ángulo de San l: iri! Ós la patética ima gen d e la rubia Dogáreéa, qué será siempre para mí alma romántica de aquellas piedras históricii B L A N C A DE LOS EÍOS DIBrJOS DE MÉNDEZ BRINCA