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y que todo el género salía á bañarse dando gritos de ¡viva el baño libre I Pero, anda, que todavía hay más desencajonam iento. Esas construcciones de naadera que usted verá formando c a l l e por toda la playa, son las célebres Barraquetes, edificios que contienen seis ú ocho habitaciones para el cambio de trajes de los bañistas, y á las cuales han bautizado sus propietarios con nombres tan pintorescos como El tranvía. El reloj, El miriñaque. La gente distinguida se desentabla para el baflo en las Arenas; la burguesía y el pueblo prefieren les Barraquetes. Alabo el gusto de los últimos: ¡salir del inflado miriñaque y meterse decididamente en el Mediterráneo, eso sí que es darles ciento y raya á las grandes potencias europeasl Detalle característico de las bañistas que usufructúan les Barraquetes: todas adoptan como traje de baño batas. Comprendo que el mar latino sea para nosotros un mar de confianza; pero visitarle tan de negligée, no me parece prudente. ¡Bonita le pondrían la bata á cualquier i bañista las olas del Cantábrico! ¡Como cuando vuelve el huracán la tela de un paraguas! mK ¡tgK A V- r. a Vj í HVí í! é i L í f -TM) U: ¿P í Í i T BAI- ALLA D E F L O f l E S EN LA A L A M E D A Ifji l d rI ri Pero mire usted, lector, qué panoranear como para dar envidia á las abejas ma tan espléndido. Allí tiene usted el y á las mariposas? Cap de Fransa, un sitio delicioso, poblado de encantadoras fincas, y Generalmente, la batalla de flores, último número de los festejos de entre ellas la titulada Malvarosa, perteneciente á un fala feria valenciana, marca el término del veraneo marítibricante de perfumo en el Cabañil mes, que con las y r y el comienzo del i CrúTXiS íJ flores de su poseveraneo terrestre sión tiene bastante en los pueblos de para llenar de arola huerta. ¡Desjiués mas toda Europa. de la batalla de floYo creo que hasta res, la paz en melas aguas del Medio de ellas! ¡Bien diterráneo que acadicen qué los va; rT rician la costa valencianos son artislenciana huelen á tas de nacimiento! ramos de r o s a s En esos hermovioletas y jacintos. sísimos pueblos ciPues y cuando tertados, y sobre todo mina la temporada en Godella, hay, de baños, se cieaparte de las alrran las preciosas querías ó residenalquerías de la cac i a s particulares, lle de la Eeina, y magníficos casinos los v e r a n e a n t e s en los cuales se cef i d i s t i n g u i d o s se l e b r a n suntuosas trasladan á los enfiestas t o d a s las cantadores pueblos noches. El buen de la huerta, á Gohumor de la juventud y la esplendidella, á Paterna CARTEL PREMIADO ¿No es eso vera- D E L A S F I B S T A S D E VALENCIA dez de la J u n t a directiva de v; M aquéllos, conv i e r t e n la huerta valenciana en un Paraíso antes de la aparición de la temida serpiente; mas paraC que nadie sospeche que los Adanes y las Evas de esta nueva creación se contentan con la indumentaria de nuestros primeros padres, bueno será advertir que ellas lucen las últimas fantasías de la moda legalizadas en pleno boulevard ammíse, y ellos el jacarandoso smocking, que hace de aquel que lo lleva un camarero esperando, á manera de propina, los dos faldones del frac. Otras veces adoptan damas y galanes las populares galas de la huerta, y con estos pintorescos disfraces bailan danzas del país y cosmopolitas rigodones; pero sean cuales fueren los trajes que vistan y los bailes que agiten sus pies, todas las fiestas han de terminar con la famosa traca, que va desenredando su anillo de truenos, á punto que las luces venidas de Oriente se meten curiosas por los arbustos de la huerta, despertando á las flores, resbalando por las lustrosas hojas y sorprendiendo los secretos de los nidos. En todas las regiones del mundo, la aparición del astro- rey es una ver- S í ív Bf a Ti UNA CALLE D E L C A B A Ñ A L UNA ACEQUIA EN E L CABAÑAL W