Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
De la Alameda al Cabañal. La calle de la Reina. -La última barraca. -Cap de Fransa. Malvarosa. -Veraneo en la Huerta. Godella y Paterna. -Bafiistas del Bou. Yá i O O calor se siente, no cabe negarlo, cuando M w j en los últimos días de Julio monta el veraneante en el tranvía del Grao, bien elija el de fuerza animal ó bien prefiera el elécirico, llamado Ravachol en otros tiempos por las víctimas que ocasionaba! Pero á cambio del calor, ¡qué deliciosos tres kilómetros de viaje desde el paseo valenciano de la Alameda hasta las primeras casas del Cabaflal, viendo entre las filas de magníficos plátanos que orlan la amplia avenida pasar lujosos carruajes ó las típicas tartanas con sus cortinillas azules ó rojas desplegadas al aire como alas de mariposas abiertas para el vuelol Valencia corre al Oabafial, ansiosa de respirar la brisa mediterránea y de refrescar sus ojos en la contemplación del mar azul, de un azul más pálido que el de su cielo, porque Dios, después de crear éste, rompió la paleta, la tiró al mar, y las aguas del Mediterráneo se azularon con los desperdicios de tan maravillosa tinta. E 1 Cabañal! Allí ya no se suda (salvo cuando r e i n a Levante) paseando por su aristocrática calle de la Reina, que antes se llamó de la Libertad, y con uno y otro nombre recibe de frente el viento marino impregnado de sales, el valenciano y el forastero dan gracias á Dios por hallarse en un mundo tan hermoso, que al que se anega en un mar de sudor le proporciona en seguida otro mar que se lo enjugue. No hay más que bajar á la playa; sin recorrer siquiera las calles viejas del Cabañal para contemplar en alguna de ellas la última barraca típica, el veraneante se lanza hacia el mar, tropezando aquí con un toldo, allí con un banco y más allá con una bañista que vuelve del agua dando gritos, y de este modo llega al establecimiento predilecto de los valencianos, á las Arenas, amplia construcción desde cuya terraza se abarca un hermosísimo panorama de aguas y cielos azules, con velas latinas aquéllas y sin nubes de ninguna clase éstos. Y mientras usted, lector, y yo tomamos un refresco, por si acaso está muy caliente el agua del IVIediterráneo, por una especie de chiqueros de tablas, y perdóneseme lo taurómaco de la comparación, van saliendo á derecha ó izquierda de nuestra terraza bafiistas del sexo femenino y bafiistas del sexo feo, que se desenmaderan, casi á la misma orilla del agua. Si no fuera por la gentileza de las líneas de ellas y por lo varonil de la apostura de ellos, podía sospecharse que en dos cajones de pasas de Málaga se había operado una revolución, I I U E R T A N A S EN T R A J E D E F I E S T A