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ven las a n c h a s copas de las enanas moreras. Y a casi se extinguieron los bosques que daban nacimiento á u n a portentosa industria, á una prodigiosísima riqueza. Ya no existe el primer cultivo d e la h u e r t a de Valencia. Ya no trabaja para el bienestar de millares de familias el gusano d e la seda. Y a sólo aquí y allá, en cortísimos trechos, se ve alguna morera, resto de pasados imperios de grandeza. Ya consumó su obra u n a torpísima economía social y política. ¡Y ahora nos vienen las sedas de Lyonl Pero miremos al interior de la ciudad, que no corresponde, por lastimosa desgracia, á la visión imponente de su huerta. Todavía está, á poca diferencia, como la dejó el mariscal Snchet, que cuand o la invasión francesa derribando casas viejísimas á cañonazos orientó la vida y el ensanche de la población racionalmente, la llevó hacia el mar. Los valencianos están esperando á u n h o m b r e al hombre que cree la nueva ciudad del Cid; que merece ser nueva y no estar aprisionada en cinturón de piedra y lodo, con infectos callejones, ciudad que cuenta con la Lonja y el Mercado. La Lonja (la Lloncha) la de la hermosa fachada gótica, fué la Bolsa del Irahajo, la casa d e los gremios que hizo Pedro Compte, el templo del estado llano, la ta da C contratasió rival de la de Sevilla. De allí, con nuestros treinta millones de reales anuales de producción, con nuestros miles de telares de terciopelo, de telas lisas y mostreadas, imponíamos la ley, nuestro precio de la seda al mundo. Ahora, cuando el comercio ha huido, se celebran banquetes políticos, y no estoy seguro si Juegos florales. L a Lonja está en el Mercado, una plaza tan animada C (Q) Ti. j JW Tk 1, fí LA P L A Z A DEL M E R C A D O y pintoresca, sobre todo por la mañana, que serla imposible en breves líneas dar una idea aproximada de lo que es. Allí, en tiempos antiguos, n o muy antiguos, hasta comienzos del siglo XIX, tenían lugar las ejecuciones capitales, los autos de fe; allí se celebraban los torneos, justas, corridas de toros; allí h a n comenzado todas las revoluciones, pronunciamientos, motines. Tomado el Mercado Y tomada la Lonja, era dueño de la ciudad quien los tomase. Y yo m e lo imagino- -no lo he visto, me lo han contado, -el día de la entrada de las tropas que volvían de la guerra de África, pasando los soldados por en medio de las cestas de hortalizas y de los puestos de melones y de las mesas de flores, y suspendiéndose toda contratación, el pueblo en delirio, los héroes no coronados de laurel, pero con las manos llenas de todos los frutos de la espléndida huerta, que les regalaban en patriótica ofrenda. Y en aquel momento, como impulsado de una súbita, instintiva inspiración, saltar u n chicuelo de su jaca de ftmater, y con u n pedazo de carbón empezar á trazar en el suelo las figuras de los soldados. Aquel chicuelo, a n d a n d o el tiempo, se llamó el pintor Domingo. Esa es Valencia, ese es el Mercado. En su proximidad se educó y creció Sorolla. Y en el Mercado, creo yo que todos los artistas insignes de la tierra nuestra tuvieron la primera sensación que les hizo llevar luego por el mundo la fama de la dudad de Bal, de la ciudad del sol LUIS MOEOTE