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dente, que abarca desde los pueblos del partido de Liria al mar Mediterráneo. Al Norte y Oeste corre una serie de altos cerros ó montes con algunas interrupciones, terminados hacia el Oriente con lomas también. ¿Y aquellos montes, los más septentrionales, qué son? La Calderona. ¿Y estos otros hacia al Oeste, ahí donde se levanta un castillo? Chiva, la de la histórica batalla contra Cabrera Siguiendo la línea azul y plata del mar hacia el Sur, se ve éste interrumpido por una faja negra obscurísima, por un bosque de pinos. Después reaparece el agua, pero de un azul verdoso, en cuya saperficie surge de trecho en trecho una verdadera manigua. Las blancas velas que se divisan al través de altísimas ca ñas, hacen el efecto de navegar por tierra. ¿Qué es todo aquello tan nuevo, tan sorp r e n d e n t e tan maravillosamente hermoso? La faja negra, el bosque de pinos, es la Dehesa, que separa el mar de un lago, de la Albufera. Es tierra cubierta de agua, que aún no se secó, á pesar de las ardientes caricias del sol, que durante siglos intentó aplacar su sed sin resultado. Aquellas casitas blancas en medio de la Albufera, son un pueblo, El Saler, y en él estuvo escondido Prim mientras le buscaban, le buscaban Desde el mar, tocando la Albufera, prolongándose al Sudeste, leguas leguas de tierra de 3 ET MIGUELETE un color ainarillento, la pródiga marjal, el suelo pantanoso que produce el arroz, que deseca el agua, que sanea la atmósfera, que hace habitable la dilatada ciénaga, que por el trabajo incomparable de estos labradores únicos convierte en mina de oro los terrenos bajos de la inmensa y hermosísima Ribera. Y surcando toda la huerta de Valencia como hilos de perlas engarzadas en su sedosa, espíen dida, negra cabellera, las Acequias, las ocho acequias principales, que luego se distribuyen en mil cascadas de agua: la de Moneada, la de Tormos, la de Mestaüa, la de Rascaña, la de Ouart, la de Mislaia, la de Favara, la de Bovella, obra de los moros, de nuestros buenos y simpáticos abuelos. ¿Que no son nuestros abuelos? Oído á la caja: desde el Micalet se ven más ó menos clarameiite todos estos pueblos, y si no se ven, ayuda la voluntad á verlos: AÍbalat, Albuixech, Alfara, Eenifaraig, Bonrepós, Burjasot, Masalfasar, IVIasamagrell, Benicalat, Beniferri, B o r b o t ó A l b o r a y a Almásera, Benimaclet, Alacuás, Aldaya, Benacher, Benatúser, Albay, Alfafar, Ruzafa y otros que con su nombre están diciendo á quién debieron su vida. Y á estos moros que la tierra de Valencia poblaron y engrandecieron y cubrieron de riquezas y bienes y educaron en el amor, en el hábito, en la pasión del trabajo; los expuUó el fanatismo religioso; Esa huerta aún fué más hermosa, más deslumbradora, más desbordante de vida. Ya no se