Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
HÍ está Valencia, la ciudad de Bal, ó consagrada al sol, recordando, sin duda por su nombre, la más antigua y primaria y remotísima religión de los originarios de la población. Sí, se comprende que en épocas primitivas creyeran que el sol, -padre de la Naturaleza, engendrara esa ciudad privilegiada; que sus maravillas, sus increíbles bellezas, su asombrosa fecundidad, sus múltiples cosechas que parecen compendiar toda la producción del planeta, su exuberante y riente vida, sólo son atribuíbles al astro- rey. y en medio de Valencia el Micalet, el Miealet de la Sew. No hay valenciano que ausente de su patria no sueñe con él; un amigo, un gran amigo; algo tan esencial á Valencia, que sin él no nos la explicaríamos. Yo he nacido, sin figura retórica ninguna, á su sombra, porque mis padres vivían en un entresuelito frente á la catedral, y la torre, la mole inmensa, nos hacía encender el velón desde las primeras horas de la tarde. Y todos los recuerdos de nifio van unidos al Miealet. Por allí encima an las bombas el año 69, cuando lasublevación federal; desde allí se disparó C: una gran traca el día de la toma de Bilbao, el 2 de Mayo del 74; á sus barandas nos asomábamos los días de Pascua para ver cómo tomaban TOOWcs en el extenso valle; y sus campanas, sus parleras campanas, que lanzadas al vuelo desde tal altura parece que llaman á somatén á todos os habitantes del antiguo reino de Valencia, me cortaron varias veces el hilo del discurso allá cuando yo estudiaba Derecho é iba para abogado ó profesor Asomado á la barandilla del Miealet, desde donde tantos desgraciados pusieron fin á su vida, compréndese la fascinación que en sus mentes enfermas produjera el efecto de luz y de calor, no temiendo entrar en. las tinieblas de la eternidad, sino en el gozoso paraíso de una vegetación encantadora, prometiendo las dichas de su unión con Dios. Vastísima extensión de terreno la que abarcan los ojos desde el Miealet. iQuién lo pudiera describir! En la medianía, y hacia el extremo oriental de la inmensa llanada, se levanta Valencia. Al Noroeste se ve claro, muy claro, el castillo de Sagunto, de tantos recuerdos antiguos y modernos. Por bajo de él, adelantándose al mar, dos lomas, por los marinos llamadas las Tetas del Puig. De Norte á Sur se extiende una deslumbrante huerta, que comprende desde Murviedro y Puzol hasta Catarroja y Silla, en la línea férrea que va á Madrid. De Oeste á Este una línea, no menos espíen-